Con deudas no hay futuro

por Emiliana Cortona

Dos jubilados de Cipolletti hicieron números y ante la desesperación tomaron la decisión más drástica de todas. No llegar a fin de mes, no poder pagar el alquiler, que no alcance para los medicamentos, no es una tragedia individual sino el síntoma de algo mucho más grande: la deuda como forma de vida en la Argentina de hoy.

Agosto 2026

Dentro de la habitación, el martes 12 de agosto, en una vivienda del barrio San Pablo en Cipolletti, lo encontraron a él, ya sin vida. Y a ella, en shock. También seis blisters de Clonazepam y una carta, confirmando la voluntad de ambos de quitarse la vida.

Cobraban la jubilación mínima y las deudas los habían agobiado. Este mes se les había vencido el contrato de alquiler y de unos 600 mil pesos pasarían a pagar cerca de un millón. Pero además tenían que renovar contrato y eso implicaba pagar tres meses extras.

Quizás, a sus 76 y 75 años, se sintieron culpables por tener deudas. Quizás pensaron que habían sido irresponsables en la administración de su propio dinero.

Quizás eran dos de las 27.000 personas mayores de 65 años -como muestra un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda - que volvieron a trabajar porque la jubilación no les alcanza o de las 1,3 millones que tuvieron que endeudarse con proveedores no financieros para afrontar los gastos del día a día.

Quizás no sabían, pero formaban parte de un grupo extenso, diverso y nada selectivo: el grupo de cerca de 20 millones de personas que hoy en Argentina mantiene compromisos financieros con entidades bancarias y no bancarias. El Mapa de la deuda lo muestra de manera concisa: a lo largo y ancho del país hay familias endeudadas. “No hay registro histórico de un dato de esta magnitud”, dice Lisandro Mondino investigador y coordinador del estudio, “ahí es donde uno se da cuenta que no es un problema de una mala decisión personal sino que es un problema de cómo está funcionando la economía general del país”.

Los datos del Mapa muestran que en la Patagonia, todas las provincias están en rojo respecto a las tasas de mora, excepto La Pampa que tiene la tasa más baja de Argentina.

Ahora: ¿qué porcentaje de personas tiene algún pago atrasado hace más de 90 días? Ahí los números se emparejan en la región: 25.91% en Tierra del Fuego, 25.3% en Santa Cruz, 25.23% en Chubut, 23.3% en Río Negro, 22.37% en Neuquén y 18.63% en La Pampa.

Las deudas ya no se toman para gastos extraordinarios como para construir una casa, para hacer un viaje al exterior o para cambiar el auto. Se toman para financiar el changuito del supermercado, para pagar los servicios o el colegio privado.

“En términos generales se ven dos patrones: uno es que las mujeres jóvenes tienen más mora con las tarjetas de supermercado. Ahí uno puede asociar directamente una situación de tareas de cuidado y de hogares monomarentales. Es decir, compran comida en el mercado con la tarjeta y no la pueden pagar. Una situación de supervivencia. Y en la otra punta se ve más alta la mora entre mujeres mayores que hombres mayores. Que también se le puede asociar a las condiciones de jubilación por moratoria, que tienen la mínima, y que en estos dos años casi que no ha aumentado”, analiza Mondino.

Según este mismo estudio, el índice de mora más alto lo ostentan los Proveedores No Financieros de Crédito, es decir, empresas que ofrecen créditos sin ser bancos ni entidades financieras tradicionales, como por ejemplo, Cetrogar, Megatone, Frávega, con un 47,8%. Le siguen las Tarjetas no Bancarias (33,27%) como Carrefour, Coto, Cencosud, Italcred y los Neobancos (23,34%) como Brubank, Ualá, Mercado Pago, Naranja X.

La banca tradicional presenta números menos críticos, aunque por sobre los niveles históricos: 18,61% de mora en Bancos Privados como Banco Galicia, Banco Santander, Banco BBVA, Banco Supervielle, Banco Patagonia y 10,13% en Bancos Públicos, como el Banco Nación, Banco Provincia de Bs. As., Banco de la Ciudad de Bs. As.

La pareja de jubilados no tenía amigos ni personas cercanas a quienes recurrir, sus dos hijos vivían en el exterior. Tenían sí, unos familiares que los iban a recibir en Buenos Aires, pero el vuelo se canceló y la empresa nunca les devolvió la plata.

Quizás al escribir la carta de despedida pensaron que esa era la única salida. Quizás con un solo clic habían sacado un préstamo, y que, como a la mayoría de las personas, no pudieron identificar la tasa de interés.

“Al inicio de 2024 el Banco Central liberó los topes a las tasas de interés”, sigue Mondino, “y permitió que subieran muchísimo, especialmente en el esquema no bancario, es decir, en las tarjetas de los supermercados y en las aplicaciones”. Y da un ejemplo: “Las aplicaciones están de piso, unos 80, 100 puntos porcentuales por encima de las bancarias, o sea, el banco te presta 70 y la aplicación te presta 170. Y, además, las aplicaciones individualizan la tasa de interés. O sea, según tu algoritmo la App te ofrece una tasa específica. Existen casos donde te cobran 300%, 400% o 500% anual”. Y en seguida se pregunta: “Si alguien te presta dinero a tasas incobrables ¿no tiene responsabilidad? Pero además, el recorte al salario público, el ajuste en el gasto de la obra pública, que implica menos actividad, menos salarios, menos consumo y, en consecuencia, la pérdida de la economía en términos generales impacta en este contexto. Quizás en 2025 alguien se endeudó pensando que iba a poder hacer frente a las cuotas, pero la crisis de ingreso y el aumento de las tarifas, con el aumento de combustibles, el aumento de transporte, lo forzó a elegir: ¿Qué pago y qué dejo de pagar? Quizás pagó la tarifa de luz porque se le triplicó y no pagó la cuota del crédito porque prefirió tener electricidad a pagar una deuda. Con ese contexto económico es muy difícil plantear que las deudas son un problema entre privados”.

Las deudas también controlan los pensamientos. Se piensa en dinero, en guita, en biyuya. Quizás, la pareja de jubilados, cuando tomó la decisión de quitarse la vida pensó, tristemente, que no había futuro. Él murió ese 12 de agosto, ella sobrevivió, hoy está con asistencia de salud mental en el hospital público.

La angustia, la cuota que se vence, atrapa, asfixia y agobia.

Verónica Gago, filósofa, politóloga, investigadora y activista feminista, en una de las tantas entrevistas que dio sobre el tema dijo: “Lo financiero empieza a colonizar la vida cotidiana. El empobrecimiento y la austeridad hace que lo financiero empiece a ser una herramienta cotidiana. O sea, no está asegurada la reproducción social con tus ingresos, sino que siempre vas a necesitar endeudarte para garantizar lo que tenés que hacer para subsistir, para vivir, para enfrentar la vida”.

La deuda no solamente te roba el presente sino que te imposibilita imaginar el futuro. Movimientos sociales y feministas levantan banderas con lemas como “¡La deuda nos roba la vida!” y reclaman soluciones para millones de familias que contrajeron obligaciones para cubrir alimentos, medicamentos y servicios básicos.

“La mora como situación colectiva y como situación récord que se está viviendo en la Argentina empieza a aparecer como un problema político, colectivo, público y con un registro de bronca. En cualquier móvil de TV, a la salida del tren o en la puerta de cualquier comercio, la gente habla de deuda. De deuda para pagar los servicios, deuda para comer, deuda para el alquiler. Entonces es interesante esa suerte de giro donde la deuda que estaba nombrada como un problema estrictamente individual ahora aparece como una responsabilidad directa de los bancos, de las Fintech y del gobierno. Hay un clic muy interesante en la colectivización y en la responsabilización de actores económicos, políticos que están siendo señalados por la gente en la calle y mostrando la intervención de esos grandes actores en la vida cotidiana”, suma Verónica Gago.

Quizás poner esto en palabras, llevarlo a la calle, sirve para que, quienes estén atravesando un momento de desasosiego frente a sus deudas, puedan politizarlas. Puedan sacarlas de sus casas y darse cuenta que esa angustia que se siente individual es en realidad colectiva.