Visibilizar es tan distinto a viralizar

por Julieta La Casa

De un día para el otro aparecieron amenazas de tiroteos en aulas de todo el país; los medios se llenaron de alertas; las redes sociales de escenas policiales en contextos escolares. ¿Qué sociedad les mostramos a las adolescencias para que un atentado en sus propios colegios sea la nueva tendencia?



Abril 2026

En las últimas semanas, las escuelas públicas y privadas, mayoritariamente secundarias, amanecieron con amenazas de tiroteos escritas a mano en paredes y baños y en hojas sueltas. Las letras en fibrón gritaron un llamado de atención. En la Patagonia, las características demográficas de las comunidades no fueron una condición para la multiplicación de este fenómeno: ocurrió tanto en pueblos pequeños como en ciudades con mayor número de habitantes. Esquel, Rawson, Puerto Madryn, Playa Unión, El Bolsón, Bariloche, Neuquén, Eduardo Castex, Toay, Santa Rosa, Rancul: la lista de casos que reportan los medios locales se actualiza a diario.

Repentinamente, la rutina escolar se volvió escenario de lo impredecible. La policía revisó mochilas antes del ingreso a los establecimientos educativos; en algunos, las y los estudiantes solo pudieron asistir con los útiles indispensables dentro de bolsas transparentes. La velocidad y similitud en la repetición de los hechos abrió una hipótesis vinculada a los retos virales que circulan en redes sociales.

Todo ocurrió unas semanas después de que un alumno de 15 años matara a un compañero e hiriera a otros en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe. La investigación sobre este episodio, tan trágico como fugaz, avanza con reserva y se analizan posibles conexiones del atacante con una comunidad digital denominada “True Crime Community”, que ensalza la violencia como un fin en sí mismo y cuyos miembros glorifican a homicidas y agresores. ¿Qué perdimos de vista que lo más oscuro del mundo digital pudo gatillarse en el patio de una escuela?

Adolescencia, salud mental y plataformas son el tema de discusión actual en la agenda judicial de muchos países. En Australia se avanzó con la prohibición de redes sociales para menores de 16 años y en varios estados buscan seguir ese camino. Las familias apoyan y rechazan la medida, las escuelas prohíben el uso de teléfonos celulares en sus establecimientos y la población adolescente lidia en soledad y como puede con una socialización marcada por algoritmos que buscan perpetuar el tiempo en pantalla.

“Hay un punto que no es solo adicción sino que es un aprendizaje social que está mediado por plataformas que no tienen una regulación y que precisan de la misma”, dice Melina Masnatta, consultora especialista en tecnología y educación. Y señala que lo más desafiante es la necesidad de pertenencia-validación: “Estas amenazas tipo reto tienen este punto de lo viral, que todos lo hacen, y la recompensa simbólica que tiene que ver con el impacto, la atención, la pertenencia”. A eso se le suma el diseño de algoritmos que son adictivos y premian lo extremo, lo que genere más shock, visibilidad o hate. “Pero esto tiene que ver con una capa. La otra es esa falta de criterio para dimensionar la consecuencia de lo que está sucediendo, hay algo conectado a la población adolescente que todavía no entiende el límite entre lo real y lo digital”.

Entender las consecuencias reales entre eso que pasa en lo digital y en lo físico tiene que ver con gestionar la identidad digital. “No se puede no enseñar la responsabilidad digital que uno tiene en estos espacios, se tiene que enseñar este juicio crítico, estos criterios que yo creo que es donde estamos con mayores complejidades, y ahí sin duda los adultos tenemos que estar en ese camino”, agrega Masnatta. La respuesta a la pregunta sobre qué hacer frente a este fenómeno nuevo va mucho más allá de las paredes de la escuela.

La complejidad que se entrama con la escalada de amenazas no se resuelve con cartucheras transparentes. Entre anuncios sobre medidas punitivas, responsabilidad penal y multas para las familias de quienes sean autores de los carteles, de vuelta son los y las adolescentes quienes protagonizan la escena: ahora los mensajes con fibrón que difunden en las redes alientan la empatía, el respeto por las demás personas y la reflexión sobre las consecuencias de las acciones. Tienen que salir a generar tendencia con contenidos que no son los que circulan en la sociedad que habitan. Les toca, también, la tarea de romper con la estigmatización que los señala y llevar calma a la sociedad.

“No son casos aislados, no son problemas que portan los adolescentes como si fuese un elemento que se tiene o no se tiene, hay que leerlo en clave estructural y tiene que hacernos una pregunta en relación a qué se está inscribiendo hoy en la sociedad”, explica Florencia Gastaminza, doctoranda en Psicología, directora de la Licenciatura en Educación Primaria de la Universidad Nacional de Río Negro.

Beatriz Greco, doctora en Filosofía y Ciencias Sociales, señala en la misma dirección: “Estamos en un entorno político y social en el que no es raro que si nuestras autoridades vociferan, gritan, insultan, el clima que se viva en la calle, en las escuelas, entre los chicos y las chicas sea del mismo tenor”. Greco dice que la clave está en cambiar la pregunta: “Qué formas de adultez construimos hoy para que nuestras infancias y adolescencias se sientan alojadas, acompañadas, comprendidas. No es tanto qué les pasa a los pibes de ahora, sino qué nos pasa a los adultos y adultas que no estamos generando esa transmisión cultural que hace lazo, que sostiene, que acompaña”.

Según los informes del Sedronar, los consumos en la población adolescente crecen exponencialmente, cuenta Estefanía Pérez de Villa. “Lo que todos queremos es ser felices, y estamos buscando mal la forma de estar bien, porque la trama común no está. Hay menos espacios comunitarios que te puedan ayudar a estar mejor. Tu propia familia también está viviendo problemas, que pueden tener un origen económico, pero que repercute en todo. Y en ese sentido la escuela refleja a la sociedad”. Pérez de Villa es licenciada en Educación por la Universidad de Río Negro y especialista en Políticas Socioeducativas. Trabaja en educación pública y privada en distintos espacios de la Patagonia, y cuenta que desde el Instituto de Formación Docente Continua de Bariloche comenzaron a trabajar de manera articulada con profesionales de la carrera de Enfermería de la Universidad Nacional del Comahue debido al registro de temas vinculados a salud mental: “Esto nos habla de la falta de mirada, y es muy difícil mirar a los adolescentes hoy porque se aíslan en los mundos digitales y no dejan acceder a las familias. Y cuando querés llamar al hospital por un tema de salud mental, están hiper congestionados de trabajo, precarizados, entonces todos vamos haciendo lo que podemos y cada vez estamos más en lo mínimo”, dice.

El diagnóstico se repite en las fuentes consultadas: es necesario fortalecer el entramado social que se encuentra en crisis, y hablar sobre lo que pasa para visibilizar. En algunas escuelas se suspendió el dictado normal de clases y se realizaron actividades de reflexión para trabajar el tema con las y los estudiantes. Valeria Benavides, secretaria general de la seccional Capital de la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén, cuenta que la comunidad educativa reclama que haya equipos interdisciplinarios para poder abordar estas situaciones, trabajar en el territorio para conocer las realidades de las escuelas y evaluar qué estrategias llevar adelante.

Tras el tiroteo real ocurrido en Santa Fe no queda resuelto aún si el origen de la escalada de amenazas que lo siguieron es una tendencia o un desafío surgido en redes. O si esa es la etiqueta rápida que el mundo adulto pudo darle para encontrarle una explicación. Lo que sí queda claro es que no se trata de una problemática escolar. Si el camino es acompañar, visibilizar, que es tan distinto a viralizar, queda la tarea urgente de que las niñeces y adolescencias puedan expresarse, socializar sus mensajes y ser escuchadas fuera del mundo digital. Como si fuésemos parte de la lógica algorítmica, hablamos sobre adolescentes cuando irrumpe algún reto viral o se debate la baja de edad de imputabilidad pero, ¿en qué momentos y espacios las adolescencias tienen voz propia?