Premiar las voces que la historia deja afuera

por Miriam Rizzuti

Pilar Pérez investiga desde hace más de veinte años la violencia contra los pueblos originarios y los relatos silenciados. Doctora en Historia, investigadora de Conicet, docente de la UNRN, recibió un reconocimiento internacional que destaca el trabajo académico y científico en estudios sobre genocidios y memoria.


Septiembre 2026

Pilar Pérez está trabajando frente a la computadora cuando aparece una notificación en la pantalla. Es un email de la International Network of Genocide Scholars. El mensaje anuncia que ganó el Impact Award.

«No había postulado nada, no estaba esperando absolutamente nada, me súper sorprendió», dice.

El premio reconoce un trabajo desarrollado en 2024 durante los cinco meses que pasó en el Center for Advanced Genocide Research de la University of Southern California (USC, Los Ángeles), donde investigó el genocidio de los pueblos mayas en Guatemala durante los años 80, en el contexto del conflicto armado interno.

Llegó allí con la Beca de Investigación del Centro Dornsife de la USC para poner a prueba una pregunta que la acompañaba desde hacía muchos años: ¿las herramientas con las que ella y su equipo estudian la violencia contra los pueblos originarios en Argentina sirven para comprender otros procesos históricos?

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A Pilar le gusta la historia, pero no toda.

Padeció la historia antigua cuando estudiaba en la Universidad de Buenos Aires y no siente ningún deseo de volver a ella. Lo que siempre le interesó fue la política del siglo XX: entender cómo funciona, qué fuerzas se ponen en juego, qué cosas del pasado dan forma al presente. «La historia es un poco eso, la política del pasado», dice.

Pilar nació en Buenos Aires y creció en Bariloche. Fue a la escuela 298 del barrio Melipal. Allí es probable que haya habido chicos de pueblos originarios. Ella no recuerda que eso se mencionara, ni siquiera que se supiera. Lo que sí recuerda son los relatos de sus compañeros sobre la vida en el campo.

Le gustaban los caballos, todos los animales. Esas anécdotas la fascinaban.

En 1992, cuando Pilar todavía era adolescente, algo empezó a cambiar en Bariloche respecto a la memoria de la Conquista del Desierto. En el quinto centenario de la llegada de Colón a América comenzaron los escraches, las protestas y las pintadas contra el monumento a Julio Argentino Roca en el Centro Cívico.

Hasta entonces, esa historia había estado ahí, alrededor suyo.

«Entender que las desigualdades de esta región tenían que ver con eso. Bueno, sí, el marxismo, la clase trabajadora, lo que quieras, pero esa teoría se anclaba de una forma muy particular en esta zona. Y se volvía muy evidente, eso me atrapó», cuenta.

Y se fue a Buenos Aires a estudiar Historia.

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Durante esos años en Buenos Aires, Pilar trabajó. Fue secretaria, docente de primaria, dio clases particulares y enseñó en institutos de inglés.

«Me encantaba la historia, pero no me gustaba la docencia. No me veía como docente. Pero tampoco me veía siendo historiadora. Fue todo un proceso, a mí me llevó diez años la carrera de grado», cuenta.

En Buenos Aires también estudió el profesorado de inglés en el Joaquín V. González. «Lo remarco porque las herramientas que tengo como docente las tengo de ahí», dice.

Cuando se graduó, regresó a Bariloche, al territorio que se convertiría en uno de los ejes de su trabajo.

Ya era parte de la primera generación universitaria de su familia.

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En 2005, Pilar participó de la creación de la Red de Investigadores de Genocidio y Política Indígena en la Argentina. Desde entonces, una pregunta atraviesa su trabajo: qué ocurrió con los pueblos originarios durante y después de la Conquista del Desierto.

La pregunta parece sencilla. Las respuestas, no tanto.

Los documentos existen, pero el problema es encontrarlos. Están dispersos en archivos e instituciones de distintas localidades, entre ellos los del Ejército. Muchos se han perdido o están deteriorados y fueron producidos originalmente con otros objetivos.

Para Pilar, esa dispersión es parte de la historia.

«Lo que buscan los genocidios no es solamente eliminar a un grupo como tal. Las personas pueden sobrevivir, pero lo que no es aceptable es que ese grupo sea incorporado de alguna manera» a la sociedad. Entonces, se pregunta: «¿Por qué los archivos preservarían algo de forma ordenada y coherente respecto a lo que fue la conquista?».

Pilar Pérez recibe el Impact Award, otorgado por la International Network of Genocide Scholars durante la 10.ª Conferencia Internacional sobre Genocidio (Brasilia, Brasil).

En 2024, durante su estancia de investigación en el Center for Advanced Genocide Research de la University of Southern California, trabajó con un archivo muy diferente. Allí se conserva el Visual History Archive, que nació con los testimonios de sobrevivientes del Holocausto y hoy reúne más de 55.000 de distintos genocidios ocurridos en el mundo. Entre ellos, los de Guatemala.

Pilar buscaba en esas entrevistas algo concreto: datos, información que le permitiera avanzar en su trabajo. Pero los relatos duran dos o tres horas. Y mientras busca, escucha el miedo, la violencia, el horror de quienes cuentan lo que les ocurrió.

Sabe que detrás de cada testimonio hay una historia y que solo una parte mínima de ese relato se reflejará en su trabajo. «Ojalá le llegue a la persona que le tiene que llegar, o a la familia, o a la comunidad», piensa mientras escucha.

Hay algo en esos archivos que resulta difícil encontrar en su trabajo sobre la Argentina del siglo XIX: las voces directas de quienes atravesaron la violencia. Pero escucharlas la enfrenta con un límite. Para investigar hay que seleccionar. Hacer preguntas. Elegir un dato o un fragmento y dejar otros afuera.

«Una construye silencios», dice Pilar.

Quizás por eso, después de tantos años entre documentos, empezó a buscar otras formas de hacer hablar a los archivos.

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Desde 2019 dirige en la Universidad Nacional de Río Negro el Proyecto de Investigación Archivos y Narrativas de la Norpatagonia que, junto a colegas y alumnos, analiza cómo se produce y se difunde la historia de la Patagonia e indaga en las narrativas hegemónicas: esos relatos que se naturalizan y terminan repitiéndose sin que sepamos de dónde vienen.

De allí surgieron el libro El papel del archivo, publicado por la Editorial UNRN en 2024 y el programa de radio Una historia para escuchar, que desde 2022 se emite por Radio Nacional Bariloche.

En la radio, la historia patagónica se cuenta a través de dramatizaciones. A partir de los archivos, reconstruyen personajes y voces mediante recursos dramatúrgicos. Cuando les tocó construir la voz de Julio Argentino Roca, Pilar se preguntó: «Es como una voz súper poderosa, pero al mismo tiempo decís: ¿cómo era la voz? Capaz que tenía una voz finita». Y se ríe.

El juego permite revisar los imaginarios que damos por ciertos. En la radio, esas voces que alguna vez quedaron atrapadas en los documentos encuentran una forma de llegar a los oyentes.

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Pilar dirige tres tesistas que hoy no pueden continuar sus doctorados porque las becas no alcanzan para vivir y deben buscar otros ingresos.

«No les puedo pagar ni un tanque de nafta para ir hasta Maquinchao», dice.

Entonces, ¿cómo se sostiene la investigación en estos tiempos de ajuste?

«Con mucha imaginación», responde.

El problema excede a su equipo. Entre 2023 y 2026, el presupuesto nacional destinado a Ciencia y Técnica cayó un 50,2 % en términos reales y los salarios del CONICET perdieron un 40,5 % de su poder adquisitivo, según Chequeado.com.

La falta de financiamiento no solo afecta la carrera de investigación de Pilar. También compromete la formación de quienes deberán darle continuidad a ese trabajo.

Por eso, el Impact Award llegó en un momento especial.

En julio de 2026 Pilar viajó a Brasilia a la 10.ª Conferencia Internacional sobre Genocidio para recibir el premio. Después comenzaron las invitaciones para dar charlas internacionales, los pedidos de entrevistas y los contactos de investigadores de otros países, que abren posibilidades para nuevas publicaciones.

«Ahora estoy en eso, respondiendo a este tipo de redes y vinculaciones que se van armando», dice desde una oficina de la Sede Andina de la UNRN.

Aún no sabe si el premio tendrá algún impacto económico que impulse su investigación, pero siente que algo cambió.

Hace más de veinte años que Pilar Pérez busca las voces que quedaron fuera de la historia. Ahora es su propia voz la que llega lejos. Y con ella, quizás, aquellas otras que durante tanto tiempo nadie escuchó.