"Esa poesía tiene valor humano"

por Lola Sánchez

Testimonio de Hebe Mabel Garro, profesora de Letras. En el 82 los presos políticos del Penal 6 de Rawson le entregaron a escondidas un cuaderno de poesías que protegió por décadas hasta que logró que fuese editado por el Gobierno de Chubut.

Marzo 2026

Hebe Mabel Garro — Profesora de Letras

“ (...) por los que recorren semana a semana
un itinerario
de muros hostiles, de gestos extraños
con una sonrisa que tiembla en los labios
y aplastan la ñata contra un vidrio helado
por todos los chicos que sueñan y cantan
por todos los chicos que buscan
de noche una estrella
en el alto cielo
por todos los chicos que esperan
la hora del sol
por todos ustedes seguimos andando”

Seguimos andando, en El Cuaderno de Rawson: Poesías escritas por presos políticos 

En diciembre de 1982, una de las tantas veces que fui a tomar examen de Lengua y Literatura a la Unidad Penal 6 de Rawson, uno de los alumnos me apartó y en un rinconcito y muy calladamente me entregó un cuadernito de tipo escolar. Yo lo ojeé rapidísimo y me di cuenta de que tenía poemas escritos. No noté ningún autor, pero eran todas letras diferentes, por lo que implicaba autores diferentes. Lo que me estaba entregando era una antología de poemas de ellos: presos políticos que tenían ideas sociales y una pasión, una vocación por manifestarse.

Con mucho disimulo agradecí el gesto, más que con palabras, con miradas, tanto de parte de él como de parte mía y puse el cuaderno entre mis cosas. Estábamos en la cárcel, en un ambiente de control, de vigilancia. Y por supuesto que hay una prohibición: uno no puede entrar ninguna cosa, ningún elemento y tampoco puede sacar nada.

Cuando salimos, yo le comenté en voz baja a la compañera docente que había ido conmigo a tomar los exámenes, lo que había pasado, y le dije:

Mirá, vos no sos responsable de nada. Yo me hago cargo cuando salgamos y nos revisen. Yo doy la cara. Vos no tenés nada que ver. Ignoralo.

—No, no, yo también estoy de acuerdo. Eso lo tenemos que sacar de acá. Leerlo, hacerlo conocer un poco, aunque sea— dijo ella.

Finalmente no nos revisaron.

Ya en el taxi que nos mandaba el colegio para regresar a Trelew, empezamos a leerlos. Nos quedamos maravilladas, se nos caían las lágrimas. Eran poemas sin firma, eran todos poemas que no tenían nada de rencor, nada de odio. Pero tenían tanta tristeza, tanto dolor, una bronca unida a un amor entrañable a ellos, a sus familias, a la libertad, a la igualdad, a todos los valores que uno considera humanamente de los mejores. Estaban trasponiendo muros, muros de piedra, puertas de hierro que son terribles porque visitar una prisión es algo espantoso. Y se liberaban así porque la palabra tiene ese poder.

Antes de eso, otro preso político me había entregado una tarjetita con una paloma de la paz hecha en tinta china, muy hermosa, con una envoltura en papel cebolla semi transparente, con un fragmento de una poesía de Miguel Hernández. Aún lo tenía guardado.

Me mudé a Trelew en 1975. El Colegio Nacional donde empecé a trabajar había sido designado por el Ministerio de Educación de la Nación para examinar, en las distintas asignaturas, a los internos de la Unidad Penal 6 de Rawson que estudiaban para terminar el secundario.

En aquellos tiempos no era fácil para ellos escribir. Después supe que hacían rollitos de papel insignificantes y los ponían escondiditos en alguna cosa que se pasaban de celda a celda y así fueron trascendiendo los poemas. Era como una red oculta, una red subterránea de comunicación. Era lo que los mantenía vivos a ellos espiritualmente. No aflojaban porque se tenían unos a otros y se tenían unos a otros a través de la palabra.

Durante mucho tiempo tuve ese cuaderno protegido, resguardado. Leía los poemas cada tanto. Era imposible identificar a los autores. No tenían ningún dato. Obviamente entonces estaba todo prohibido. Pero como yo creo en los tiempos de la historia, me dije a mí misma: "no los voy a entregar a cualquiera”. Lo importante era preservarlos, que no se perdiera algo tan sagrado. Había sido elegida porque sí, por la vida.

El 24 de marzo de 2016 leí por primera vez un poema del cuadernito en un acto del Centro Cultural de la Memoria de Trelew. El Gobierno de Chubut hizo una edición sin gran despliegue pero muy prolija. Se conoce con el nombre “El Cuaderno de Rawson: Poesías escritas por presos políticos en la unidad de Rawson”. Y tiene en la portada la reproducción de ese dibujito de la Paloma de la Paz.

A partir de ahí se dio una especie de búsqueda. Gracias a eso supe que uno de los autores, el de la tarjetita dibujada, era Norberto Rey, ya fallecido. El poema “Vamos andando” lo escribió Isidoro Gesltein. Llegó una comunicación de Rosario, un ex preso político reconoció uno de los poemas y habló de su autor, que murió hace unos años en Francia. Otro poema, “Para Sebastián”, ese sí lo pude compartir de corazón a corazón. Sebastián es el sobrino de Pascual Emilio Seidel, uno de los presos políticos que estuvo en la U6 de Rawson. Su compañera de vida, Mercedes Valente, se contactó conmigo, me dio otros poemas de él y me acercó una publicación de poesías. Falleció en 2007.

En el 2021 entregué el cuaderno al Archivo Provincial de la Memoria. Cada uno de esos 18 poemas está escrito por un hijo imaginario. Yo me imaginé la vida de cada uno de ellos a través de los poemas, porque hablan de la mujer, hablan de la madre, del hijo, de las tertulias con mate, de cómo quisieran vivir, de todo.

Mi deseo durante mucho tiempo fue poder abrazar a alguno de los autores. Abrazarlo, mirarlo a los ojos y llorar juntos. Ahora soy muy mayor, tengo 86 años. Solo quiero que este cuadernito se difunda a nivel educativo. Que los estudiantes sepan que esa poesía tiene valor humano, y fue escrita desde la Unidad Penal, tras esos muros horripilantes, por los que uno pasa indiferente a veces para ir a la playa. Que los poemas abran sus alas y vuelen.