Esa bestia magnífica
Ante el dolor, la enfermedad, el hilo de la respiración, las palabras construyen un puente hacia un lugar acaso desconocido, donde la vida late, suave. En esta entrega de TIERRA PROMETIDA, la poesía de Lucía Higuera.

Un poema con su fuerza reveladora puede ser esa luz donde todo duele en sombras, dudas, u oscuras fosas de la existencia. Digo “puede ser” porque esa luz se labra sólo con oficio de poeta, con esa necesidad de que cada palabra estalle para transmitir la experiencia, hasta la más confusa de contar. Lucía Higuera lo consigue incluso, en la mayor incertidumbre, en el dolor más profundo que oprime al cuerpo físico, pero abre la puerta a una nueva conciencia profunda y liviana. Construye palabra tras palabra el puente hacia un lugar acaso desconocido, con la certeza de que nada, absolutamente nada tendrá permiso para quitarle la libertad a eso que nunca encuentra nombre, pero puede escapar siempre que alguien “deje la ventana abierta” y poder ser “la reina del pabellón” en una noche de hospital, de soledad, de sentir el tintineo de los amores ciertos. Trascender en un viaje: un vuelo que trasmuta aquello irremediable en lo inmediato. Dice la poeta: “hilo es mi respiración/es pausado y fino/se mueve/acompasado/como la vida/que entra y sale/de mi tórax“. Catherine Mandfield en Malade invoca su dolor físico, su tos insidiosa: “El hombre del cuarto vecino/tiene el mismo mal que yo/Cuando me despierto a la noche lo oigo darse vuelta/Y después tose/Y toso yo/Y después de un silencio yo toso/ Y él vuelve a toser/Esto sigue mucho tiempo/Hasta que siento/ que somos como dos gallos/llamándose en un falso amanecer”. El transcurrir la enfermedad y el poema, y no ver nada, y a la vez verlo todo, pone a estas poetas en sintonía y las hermana en su desgarradora humanidad. Poder decir como la poeta: “matame matame por favor”, y a la vez, otra parte tan cierta como la anterior entrar por la ventana y querer dar un beso al que está, al que cuida, al que sufre distinto. Esa otra parte que no queda en una cama y se va por la ventana abierta de la habitación diciendo: “voy a ver plazas/reconocer avenidas/voy a ver poesía/en la coherencia/de las calles deshabitadas/y los habitantes dormidos/esta noche/voy a alimentarme/de lo que dejó el día”. El hambre ahí donde no hay fuerza física, pero se expande el espíritu. ¿Cuánto más viva se está en la soledad y cercanía a la muerte?, Catherine dice: “es la soledad quien viene de noche/en lugar del sueño a sentarse en mi cama/Como una niña cansada/espero sus pasos/y la observo soplar suavemente la luz de la vela” mientras Lucía afirma: “los animales mueren solos/quizás mirando las estrellas/estoy segura de que los animales/morimos de noche”. Porque Lucía sabe que “hay que festejar a las bestias”.
Aquí les dejo parte de la obra de Lucía Higuera. Un mordisco voraz con una cadencia muy particular, y, un efecto punzante que nos deja ahí, balanceándonos entre la tierra y el cielo. No se la pierdan.
De “Agua de beber” (Fondo Editorial Rionegrino, Primer Premio. Convocatoria 2024)
I Noche de hospital
hoy soy la reina del pabellón
le dieron el alta a todas las otras
y me quedé sola
dejaron a mi marido quedarse esta noche
pero si llega algún ingreso
se va a tener que ir
dijeron
hoy me ayudó con la cena
y después me leyó
mi madre
que me cuida de noche
se fue
a una habitación de hotel
a media cuadra del hospital
en esta ciudad
tan lejana a la suya
dijo que gracias a dios
que así descansaba
que estaba harta
de esa silla al lado de mi cama
que le dolían los huesos
y el útero
se fue con dos besos
diciendo su alivio
mamá está en su habitación de hotel
mira el techo y piensa
no voy a estar con ella si se muere esta noche
espero que deje de pensar pavadas
y pueda dormir
y que deje la ventana abierta
porque hay un vientito
haciendo caricias
hoy soy la reina del claustro de mujeres
mi marido me lee
desde una silla plástica
(plástico)
demasiado pequeña
para su talla
(demasiado)
yo uso mi meñique
como anzuelo
y me aseguro a un hilo
atado al índice de su mano
de gigante moreno
que sabe ser liviana
para acariciarme
sin que duela
me dejo ir
me voy
soy la dueña de la sala
puedo aterrizar mis ojos
sin pisar ningún otro
cuerpo enfermo
puedo volar
por la ventana
porque está abierta
nadie pidió que la cierren
hoy soy la reina
me voy a ir
a ver la ciudad
voy a ver plazas
reconocer avenidas
voy a ver poesía
en la coherencia
de las calles deshabitadas
y los habitantes dormidos
esta noche
voy a alimentarme
de lo que dejó el día
vuelo alto
como pájara
atada a un hilo
atado al dedo índice
de un hombre
el hilo es mi respiración
es pausado y fino
se mueve
acompasado
como la vida
que entra y sale
de mi tórax
el hombre es una alimaña fiel
voy a sentir el frío
en mi cuerpo desnudo
como un alivio
en algún lugar
me saqué la bata
no sé dónde la dejé
mi marido
las páginas del libro
y sigue leyendo
con la seguridad de que lo escucho
y voy a volver
a entrar por esa ventana
en cualquier momento
a darle un beso
cierra el libro
y el sonido
produce un temblor
con la morfina podés desorientarte
despacio
vuelve a abrir el libro
solo existe su voz
sobre otra voz
solo su voz
lo escucho lejos
le presto atención
a la distancia
una enfermera nueva
tiene mal olor
pero logró que autoricen algo más fuerte
para mí
y el alivio retrasado llegó
cuando estaba lista
desparramada
despacio
carne adentro
de la piel
músculos huesos grasa venas agua
todo adentro
temblor
desparramado
carne adentro
ardía yo
la enfermera nueva
vino a atomizarme
con su perfume
bálsamo abominable
de una piel transpirada
se inclinó sobre mí
y las lágrimas
se precipitaron
como clavadistas
desde mis ojos
y cayeron
abúlicas
como bultos flácidos
(fláccidos)
y pequeños
insignificantes
mis lágrimas
porque son así
las cosas
que me hacen sentir
que es suficiente
en el dolor se puede olvidar
que existe una vida sin dolor
la enfermera nueva
escondía su alcoholismo
con un perfume equivocado
yo estaba por decir
basta
cuando inyectó en mi suero el alivio
tranquila
reina
me dijo
ya va a ver cómo está mejor muy pronto
me dijo
con dulzura y tacto
puso su mano sobre mi frente
pocas personas saben tocarme
sin hacerme doler
como hace esta señora
ahora
pero su pericia de enfermera
no compensa su aliento etílico
que me puso de rodillas
rogando salir de este hospital
el consuelo de sus manos
fue gravoso
quería que se alejara
pero más lloraba
y más quería
consolarme
tan cerca
tranquila
mi reina
tranquila
me decía
me tocaba la frente
y con su pulso
yo abdicaba
¿qué necesitás,
reina?
¿qué necesitás?
vi la ventana
y le dije aire
pensando en que se alejara
un gemido
un hilo de voz
rezaba
abrí abrí la ventana
por no rezar
matame por favor matame
me miró compasiva
y volvió a inyectarme algo
después la vi pelear
con el cerrojo de la abertura
mientras volvían
a moverse
mis pulmones
con obediencia
narcótica
muy lento
acompasados
sin ganas
el aire de la habitación
entraba
y salía
los pulmones
blandos
recibían
el aire calefaccionado
de este claustro de hospital
que tiene olor a muertas
y a enfermedad
en cada rincón
los animales mueren solos
quizás mirando las estrellas
estoy segura de que los animales
morimos de noche
y que las bestias
se alejan
de las bestias enfermas
y abrió la ventana
al fin
con la primera ráfaga de afuera
inspiré profundo
mientras el cuerpo
se llenaba
de aire zagal
alivio suave
libertad
hice una mueca
como sonrisa
(más no podía)
y la enfermera nueva
lo entendió
desde la cabecera de mi fuselaje
dijo
descanse mi reina
trate de descansar
vamos a dejar la ventana abierta un rato
me giré y vos estabas
sentado a mi lado
vamos a comer
linda
comida de reina
dije
y reíste
sí
un rico caldo en bandeja de plata
mi reina
me acomodaste la mano
que se balanceaba
fuera de la cama
(fuera)
y empezaste a leer
sobre los habitantes de Octavia
cuando me fui
por la ventana
tu voz ya se escuchaba
lejana
yo estaba atenta a la distancia
miraba boca abajo
la ciudad
miraba las montañas
y el agua
que la rodea
pensaba en sus habitantes
pensaba
en el alivio
de la brisa azulada
sobre la piel caliente
tu voz era cada vez más fina
quise volver a besarte
porque no me dolía la boca
antes de que se apagara
la vida quería besarte de nuevo
y te escuchaba lejos
y me asustaba
de que cerraran el vano
y no volver
vi a la enfermera en su vaho
asustada
hedionda
confundida
beoda
vi que la empujabas
lejos de mi cama
vi a los médicos
(jugando con mi cuerpo)
todos en torno a mí
(carabela, calavera)
que flotaba
sobre las aguas frías
de mis sábanas
vi que inyectaban
en mi pecho
un puñal de plata
vi cómo el hilo de aire
se volvía
corriente huracanada
cuando abrí los ojos
el viento hacía remolinos
sobre los jirones de mi biología
que expulsaba
la vida
agua helada
(agua)
y vi mi biografía en tonos rosa
ensangrentada
entre mis tetas
una jeringa
sentí cómo la tensión
del antídoto
(antialas antimuerte el puñal)
me ataba al cuerpo
la soledad
alterado me diste un beso en la frente
me dijiste
estás bien
los veo a todos
en esta sala de hospital
(esta galaxia)
todos sienten alivio
y controlan los nervios
pero yo no tengo nervios
ni sosiego
sigo
viajo boca arriba
veo tubos de luz
la noche está afuera
y está adentro.
De “Festejar a las bestias”(Inédito)
I
Espero a la tía en la pared de la escuela
aparece por la esquina
siempre alunada
viene un auto
¿lo vio? sí
me gusta cuando viene
la tía a buscarme
porque no nos apuramos
la tía ya está contando
las monedas del colectivo
las aprieta con el puño cerrado
me pregunta por la escuela
pero no escucha la respuesta
guarda el monedero en un bolsillo
y me da la otra mano
creo que no sabe
si me tiene que dar la mano
entonces hace un gesto inseguro
para que decida yo
caminamos con la cara al sol
pisando las hojas de la vereda
y en la esquina está el colectivo
¿lo vio? no sé
no quiero apurarme
así que no le digo nada
cuando llegamos a la garita
hay una compañera del grado con su mamá
la mamá charla con la tía
yo me quedo cerca
por si necesita ayuda
pero la otra mamá
ya mira en otra dirección
cuando estamos por llegar a la estación
la tía se pone nerviosa
mira para todos lados
se levanta antes de tiempo
yo la sigo
porque sé que estamos cerca
pero no sé dónde
igual bajamos en la parada de siempre
y la tía recupera la tranquilidad
camina contando
otra vez las monedas
para los boletos del tren
se olvidó de darme la mano
así que me agarro de su saco
tía, el andén es para allá
ella empieza a balbucear algo
pero no termina de decirlo
se enreda con las palabras
y yo la espero
hasta que me explica
que va para allá
porque quiere ver un puesto de lanas
la tía teje y teje
bolsos, mantas y almohadones de crochet
y quiere ver lanas
yo escucho que viene el tren
si lo perdemos
la abuela se va a preocupar
porque nos espera con la comida
pero yo también quiero ver los puestos
por eso sigo a la tía
por la feria de la estación
colgada de su abrigo
mientras el tren se va.
II
La piel de las que compramos cremas
va a ser el estatus social de mañana
vamos a parecer esplendorosas
al lado de las otras
que no pudieron comprar cremas
cuando me avisaron que murió la tía
que tenía cada expresión cubierta
de mil líneas finas y la piel delgada
tomé el primer vuelo que pude
llevé en la valija
tres zapatos
ningún par
un cable de micrófono profesional
mucho abrigo para noviembre
ninguna ropa interior
ninguna blusa fresca
pero eso sí
toda mi rutina de skincare
viajó conmigo
al funeral de la tía
que nunca nunca pensó en su piel
pero que mansa dejaba
que le acariciáramos el rostro
con crema humectante
mientras la reprendíamos
por no cuidarse sola
su piel lastimada por tantos años.
III
Me crié con mi vieja
mi abuela
mi tía
y mis tres hermanas
de grande me di cuenta
que la gente pensaba
que éramos raras
la revolución vino a salvar
nuestra imagen pública
mis compañeras del colegio me preguntaban
¿Tu tía te viene a buscar?
¿Tu tía va a votar?
¿Tu tía ve los dibujitos?
mi hermana mayor es hija de mi tía
dice que no tiene padre
pero la vida le dio tres madres
yo tengo una madre
una abuela
una tía
y tres hermanas
somos orgullosas, camaradas, feministas y porfiadas
mi familia en tiempos de crisis
es un ejército que gana batallas
en tiempos de paz
ya no peleamos
cuando mi identidad individual se desdibuja
es para que sobrevivamos todas
y me presento a mis orígenes
*

Lucía Higuera nació en 1987 en Buenos Aires. En el año 2015 se mudó a San Carlos de Bariloche, donde aún reside. Desde sus diecinueve años ha trabajado como librera, bibliotecaria, tallerista de escritura, correctora de textos y editora y se ha sumergido con pasión en cada oficio relacionado con los libros. Siempre se consideró una narradora, pero, a partir de un ciclo de entrevistas que realizó a poetas rionegrinas en 2020, comenzó a escribir en verso. Agua de beber es su primera publicación
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