En una clase de ESI
por Camila Vautier
Se cumplieron 20 años de la sanción de la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral. Mientras el gobierno nacional desfinancia, ataca y desmantela las políticas para sostener su cumplimiento, profesoras de El Bolsón, Neuquén y Villa Regina cuentan cómo hacen de la ESI una práctica cotidiana, territorial y sobre todo, viva.

La profe de Artes Visuales en la Escuela Secundaria (ESRN) N° 30 de El Bolsón, provincia de Río Negro, estaba un día en el patio cuando la ESI tocó la puerta.
La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) fue sancionada en 2006 y establece que los y las estudiantes tienen derecho a recibir educación sexual integral en las escuelas públicas, de gestión estatal y privada de todo el país. Fue una ley de vanguardia, ya que contempla la salud integral no sólo desde sus aspectos biológicos, sino también “psicológicos, sociales, afectivos y éticos”.
Según explican diversos diseños curriculares del Ministerio de Educación de Nación, las “puertas de entrada” son las dimensiones o vías por las que la ESI —Educación Sexual Integral— llega a la escuela y se pone en práctica. Son cinco: la reflexión de cada docente sobre sí (la propia historia personal, los prejuicios, tabúes); la enseñanza de la ESI en espacios específicos o de manera transversal; la organización de la vida cotidiana institucional; la relación entre la escuela, las familias y la comunidad; los episodios que irrumpen en el pasillo, en los baños, en el aula, en un recreo, y necesitan de una intervención.
Aquella vez que recuerda la profe de El Bolsón era una hora libre. Mientras un grupo de estudiantes jugaba a la pelota, una ronda de adolescentes conversaba con ella. Y la charla se fue hilando hasta derivar en los vínculos amorosos y, finalmente, en la pregunta por "la primera vez". ¿Tiene que ser mi novio? ¿Me pueden obligar? ¿Qué pasa si es mayor que yo?, quisieron saber las chicas.
-Les dije que nadie puede obligar a nadie a hacer algo sin su consentimiento, aún habiendo consentido en un primer momento, puede ir fluyendo todo hasta que algo incomoda- cuenta. A ella la ESI la interpeló primero en las calles, con las marchas de Ni Una Menos, pero luego empezó a formar parte de sus clases y de sus prácticas como docente.
Desde su implementación, la ESI brindó herramientas a las y los docentes para que niños, niñas y adolescentes puedan expresar sus emociones y sentimientos, cuidar su propio cuerpo y el de sus compañeras y compañeros, cuestionar los roles de género, aprender a decir “no” ante situaciones incómodas y a no guardar esos secretos que hacen mal.
En la provincia de Río Negro, la Educación Sexual Integral se implementa de manera transversal en todos los niveles y modalidades del sistema educativo. Basadas en la Resolución N° 340/18 del Consejo Federal de Educación (CFE), cada escuela debe contar con comisiones o equipos docentes referentes de ESI. En la práctica, estas acciones dependen del lugar que le dé el Equipo Directivo y de las pocas docentes que le ponen el cuerpo a esos espacios.
“La comisión es la que presiona, piensa acciones específicas y le pide al Equipo Directivo que garantice y revise la implementación de la ESI en las propuestas para que éstas no caigan en modelos de educación sexual tradicionales”, explica Rocío Jorajuría, docente de Historia, integrante de la comisión de ESI de la ESRN N° 30. Y sigue diciendo: “Una cosa es una clase de ESI, en la que se trata un tema específico, y otra cosa es cuando la ESI transversaliza nuestras prácticas: está desde que una entra a la escuela, consciente o inconscientemente. Por eso es tan potente. Implica una gran responsabilidad”.
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Una clase de ESI comienza con preguntas: ¿cómo nos sentimos?, ¿cómo queremos que nos traten?, ¿qué cosas nos hacen bien?, ¿qué cosas nos generan incomodidad?, ¿cómo cuidamos nuestro cuerpo y cómo cuidamos a quienes nos rodean? ¿Cómo cuidamos el territorio?
-Muchas veces una pregunta sobre el cuerpo termina abriendo otra sobre quién soy.
La que habla es Yuliana Kimeltufe, educadora del Centro de Educación Mapuche Norgvbamtuleayiñ, un espacio autónomo del Lof Newen Mapu, ubicado en la provincia de Neuquén. La ESI llegó a su vida, primero, desde su propia experiencia como mujer y como mapuche, y luego desde la educación. Con el tiempo, comprendió que hablar de ESI no era “solamente hablar de sexualidad” o del cuerpo. “También es hablar de cómo nos vinculamos, de los afectos, del respeto, de los límites, de las violencias, de nuestras identidades y de la posibilidad de vivir una vida digna y libre”, afirma.
Desde el territorio mapuche, la ESI adquiere, además, otra dimensión: es pensada en relación con el Kvme Felen, el buen vivir. “Con el cuidado de la vida, el yamuwvn (respeto), el vínculo con el lof, con la naturaleza y con todas las formas de vida”, explica Yulian. “Trabajar la ESI también implica descolonizar la mirada, poder preguntarnos quiénes somos, cómo queremos relacionarnos y qué lugar ocupan nuestros cuerpos, nuestras identidades y nuestros territorios”, agrega.
En una clase de ESI, niñas y niños empezaron a contar que sus familias son mapuche, que sus abuelas hablan mapudungun o que en sus casas existen prácticas y conocimientos que nunca antes habían podido llevar a la escuela.
-Ese momento de poder nombrarse y reconocerse también es parte de la ESI.
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Con la Ley 26.150 se creó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral para “asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados”, “promover actitudes responsables ante la sexualidad”, “prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva” y “procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres”.
-Las resistencias a la ESI se observan más que nada con la implementación institucional. La agenda se instala desde la insistencia y la voluntad de determinados docentes. La demanda por parte de los y las estudiantes, está. No es mayoritaria, pero se pide “hablar”, “trabajar” “dar un taller” de ESI-, explica Rocío Jorajuría, desde el colegio secundario donde trabaja.
El gobierno de Javier Milei atacó la implementación de la ESI desde sus inicios, recortó en capacitaciones, paralizó la producción y distribución de materiales educativos y abandonó a la suerte de las provincias las políticas nacionales de salud sexual. A esto se suma la “batalla cultural”. Para el Presidente, la ESI sólo sirve para “adoctrinar” o imponer lo que él llama “la ideología de género”.
“La ESI está en jaque por la falta de garantías del Estado nacional y de la mayoría de los gobiernos provinciales”, alertaron en un informe desde el Movimiento Federal Por Más ESI, al cumplirse un año de gestión de Javier Milei. En todos los casos, el achicamiento o el desmantelamiento total de los equipos contratados “representa una pérdida de la experiencia acumulada en la generación de políticas de ESI”, detallan.
-Es muy marcada la ausencia del Estado y de políticas educativas, el vaciamiento se observa, por ejemplo, en las articulaciones que antes teníamos con el hospital, los materiales, las posibilidades reales- grafica Rocío Jorajuría.
Para la docente, la presencia religiosa es cada vez mayor y son los mismos y las mismas estudiantes quienes comparten sus diferencias o malestares respecto a los temas y/o perspectivas de abordaje.
-Son más que nada determinadas pibas las que instalan ciertos temas y problemáticas- asegura.
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La ESI permite problematizar un mandato, revisar las prácticas que reproducen violencias o desigualdades. Pero también permite abordarlas: el 80% de los niños, niñas y adolescentes que denunciaron abuso sexual lo hicieron después de tener una clase de ESI en la escuela, según un relevamiento de 2020 del Ministerio Público Tutelar porteño.
Tamara Ramírez es profesora en Ciencias de la Educación en espacios vinculados a la ESI en la formación docente desde hace 14 años, particularmente en el Instituto de Formación Docente de Villa Regina, provincia de Río Negro, donde trabaja en los profesorados de educación primaria y de educación especial en el equipo del Seminario de Educación Sexual Integral.
-En una clase de ESI (nos) pasan muchas cosas. Es un espacio en el que las profes y el grupo de estudiantes se deja afectar por las conversaciones.
Categorías teóricas como “patriarcado”, “sexo”, “género” toman un nuevo sentido a la luz de las preguntas que emergen en una clase de ESI, donde se problematizan las prácticas cotidianas en la familia, la comunidad y, también, en la escuela.
Emergen, sacuden, transforman.
Como cuando una estudiante del Seminario de ESI se acercó a una clase de consulta: luego de encontrarse con preguntas, categorías, conversaciones en el aula, empezó a pensar en esa experiencia de abuso en su infancia y había tomado la decisión de hacer la denuncia.
-Nos pidió ayuda y acompañamiento para iniciar un proceso legal -recuerda la docente-. Para ella, esto le permitía materializar en su vida algo cercano a la justicia, pero también sentía que iba a salir fortalecida: si surgía en algún momento dentro del aula tener que acompañar a alguien, iba a poder contar con las herramientas necesarias.
El acompañamiento requirió familiarizarse con el lenguaje, los tiempos, sostenerla a ella y a su familia, armar red.
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“La ESI me ayuda a reconocerme, a identificar lo que soy y a no ignorar ciertas emociones o sentimientos que muchas veces son difíciles de controlar o que no podemos hacerlo solos”, dice Catalina, de 16 años, estudiante de 4to año y vicepresidenta del Centro de Estudiantes del Colegio Francisco Pascasio Moreno de El Bolsón. Y expresa: “No me imagino cómo era antes, sin tener un espacio como la ESI para hablar”.
El recorte del gobierno nacional, en materia de ESI, para el año que viene, se profundiza: el proyecto de Presupuesto 2027 presentado por el Ejecutivo prevé destinar un 98,5% menos que en 2023, según reveló el Análisis del Proyecto de Presupuesto Nacional elaborado por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ). “La retracción presupuestaria fue acompañada además por una fuerte reducción de las metas físicas: entre 2023 y 2024, la cantidad prevista de docentes capacitados pasó de 65.000 a 900 y las provincias asistidas de 24 a 6; en 2026 esas metas dejaron directamente de informarse en el presupuesto”, puntualiza el documento.
-Vienen siendo tantas las urgencias y emergentes que es muy complejo destinar espacios y tiempos- admite Rocío Jorajuría, la profe de historia.
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Hay una conjunción de elementos que hacen que las resistencias que durante mucho tiempo existieron en estos 20 años de la ESI, sean hoy más tangibles: desde los discursos de poder, la derecha y el conservadurismo instalan una narrativa donde se coloca al discurso de la igualdad, la inclusión, la justicia, las libertades, como un discurso peligroso.
-Coloca a las mujeres y disidencias no solo en un lugar de deslegitimación, sino también en un lugar de enemigas. Me preocupa cómo eso aparece en lo cotidiano, en las aulas, en las escuelas, traducido en las políticas educativas-, añade Tamara Ramírez desde Villa Regina.
Yuliana, la educadora mapuche, desde Neuquén, cree que el desafío actual es que la ESI “no retroceda”.
Desde El Bolsón, Rocío Jorajuría concluye con una firme convicción:
-Mientras la ESI se mueva y se mantenga como un fueguito va a seguir disputando sentidos y proponiendo esos otros mundos posibles.