Cuando tenga la tierra
por Lorena Bermejo
El Senado tratará este jueves 6 de agosto un proyecto de ley que plantea, entre otros puntos, la desregulación de la compra de tierras por parte de capitales extranjeros. Mientras tanto, en la Patagonia, diferentes proyectos agroecológicos muestran qué destino tienen los territorios cuando están en manos de quienes los habitan, los protegen y los trabajan.

A las afueras de El Bolsón, las chacras se expanden a un lado y otro sobre el Camino de los Nogales. La tierra negra contrasta con el verde de las acelgas, las lechugas, los puerros. Un semicírculo de caño y plástico copia los terrenos a lo largo. Sobre esta ruta se encuentra la chacra Amarantus y, unos kilómetros hacia adentro de la montaña, el terreno donde funciona el colectivo Rizoma, dos proyectos de producción y comercialización de productos agroecológicos. Hacia el norte, siguiendo por la ruta 40 hasta la ciudad de Bariloche, la huerta Las Victorias también produce, de forma agroecológica, verduras, hortalizas y huevos para autoconsumo. Con la misión de cultivar cuidando y regenerando la tierra, estos emprendimientos se contraponen al planteo que trae el proyecto de ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que se debatirá el próximo 6 de agosto en el Senado, en relación al uso y destino del territorio nacional.
“Queremos una ley de propiedad privada, que la garantice y que vaya contra las usurpaciones”, señaló Patricia Bullrich a fines de julio, durante la Expo Rural de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Si bien se presenta con este título, la normativa incluye modificaciones a leyes actuales que regulan la venta de tierras a capitales extranjeros, el uso del suelo en superficies incendiadas, y las condiciones para los desalojos y para las expropiaciones estatales.
Matías Oberlín, historiador, investigador del CONICET e integrante fundador del Observatorio de Tierras, dice que “es un problema que la tierra esté regulada por la lógica del mercado, porque es un bien escaso de un país, que necesitan todos sus habitantes” Uno de los puntos más controversiales de la normativa que propone el oficialismo es la derogación -o modificación- del artículo 8 de la Ley 26737 -de tierras rurales- que regula la cantidad de hectáreas extranjerizables, actualmente el 15% del territorio provincial, departamental, y nacional.
Mientras el debate gira en torno a cómo se protege la soberanía nacional, en Río Negro, los proyectos Amarantus, Rizoma y Huerta Las Victorias sostienen el cuidado de la tierra en la práctica, día a día.
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Amarantus produce y comercializa cultivos agroecológicos, es decir, verduras sin agregados químicos hace más de diez años.

Gentileza Huerta Amarantus
En 2013 Conrado Tognetti llegó a la comarca con la idea de trabajar la tierra de forma colectiva, y acotar la distancia entre productor y consumidor. Un amigo suyo tenía un vivero y arreglaron un monto por el uso de una parcela de tierra que estaba ociosa. Por entonces todavía no estaba tan instalada la idea de agroecología, pero en la práctica era eso: producir sin agregados químicos, venderle directo a quién consume, trabajar en comunidad.
-El lema del modelo productivo agroecológico es transformar una producción masiva, que sería las de grandes superficies, en una masa de productores, que trabajamos en lo que nuestras superficies nos permiten y no somos competencia entre nosotros, sino que nos ayudamos.
El que habla es Ivan Arnica, ingeniero agrónomo y socio de Cornado Tognetti. Para producir, se aprovechan los propios recursos del suelo, que está lleno de vida. La microbiología propone trabajar con hongos, bacterias, una serie de microorganismos que reemplazan a los agroquímicos y fertilizantes. Según Arnica lo que hacen estos productos es esterilizar los suelos y generar producciones cien por ciento dependientes de los insumos.
Ivan se sumó a Amarantus en el invierno del 2021. Hasta entonces, la agroecología era para él un campo de estudio teórico. Si bien venía leyendo sobre microbiología y estudiando el tema a fondo, las huertas en las que trabajaba no aplicaban tal cual el modelo de producción. Con la carrera terminada y las ganas de mudarse al sur, conocer a Conrado a fines de ese verano fue el impulso que necesitaba para salir de la ciudad. Unos meses después ya estaba instalado en El Bolsón, trabajando en la huerta. El nombre de Amarantus vendría al poco tiempo, cuando el proyecto se consolidó, aún en las tierras arrendadas al vivero. El amaranto es una maleza, una planta silvestre, pero también es el nombre que Conrado eligió para su hijo, mucho antes de que el proyecto comenzara.
Durante aquellos años, un colectivo de gente se fue acercando a trabajar con Conrado, y así nació la Fundación Cultivo Ecológico. De ese grupo de personas se desprendieron distintos proyectos que siguieron con la producción agroecológica. En 2023, a través del apoyo de un grupo de familias afines al proyecto, compraron un espacio más grande donde, si bien pagan una renta acordada con las familias, tienen asegurado el uso de la tierra a largo plazo. Ellos reciben una renta, pero también protegen el proyecto.
-Empezamos a escalar en términos productivos y nos asociamos con Matías Pezzarini y Diego Allolio, históricos consumidores de la huerta que se sumaron al proyecto desde Bariloche -dice Ivan.
El terreno, de unas ocho hectáreas sobre el Camino de los Nogales, tiene dos grandes invernaderos, una sala de procesamiento de vegetales, y un área de comercialización. En el resto de la parcela los cultivos se siembran al aire libre. Como cada semana es distinta en cuanto a la cantidad y variedad de verduras que se pueden disponer, parte del trabajo de Iván y Conrado es la planificación. Luego, quienes integran el área de post cosecha se encargan de preparar los pedidos para las 600 personas que se abastecen con las hortalizas de la huerta. Salen encargos a toda la comarca, a la ciudad de Esquel y a la de Bariloche. En verano, las cosechas alcanzan más de 100 variedades de 50 especies de hortalizas. Tallos, bulbos, frutos, raíces y tubérculos crecen a lo largo de la chacra. Detrás, más allá de los álamos, el río y el pueblo, el Piltriquitrón es el telón de fondo de cada día de trabajo en la tierra.
En invierno, para que la verdura salga del campo, son aproximadamente doce las personas que se necesitan para cubrir las áreas de trabajo: campo, post cosecha, y vivero, donde se arman los plantines y almácigos. En temporada alta, a partir de noviembre y hasta mayo, la cosecha aumenta y el caudal de trabajo es mayor.

Gentileza Huerta Amarantus
-Sabemos que la huerta como negocio no paga lo que vale la tierra. Lo que se está pagando es defensa del territorio, soberanía alimentaria. La realidad es que si no la usábamos nosotros capaz venía un productor que trabajaba con agroquímicos o algún privado con una resolución del municipio que terminaba loteando y construyendo viviendas. Estamos en uno de los mejores suelos de la Argentina y hay que cuidarlo.
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Es viernes, 24 de julio del 2026. En Bariloche, alrededor de las once de la mañana, una nevada constante empezó a caer sobre la ciudad. Desde la estepa, en el este, hasta las montañas en el oeste, todo se cubrió de blanco como en las habituales postales turísticas. Tania Litvan Rivero cuenta que cosechó zanahorias debajo de la nieve. Desde hace seis años ella forma parte de la huerta comunitaria Las Victorias, que tiene como objetivo el autoabastecimiento de las familias que participan.
Ubicada en la zona este de Bariloche, unas quince cuadras barrio adentro desde la ruta, la huerta funciona en tierras de propiedad mixta: una gran parte está dentro del terreno de Nicolás Robredo, quién empezó a cultivar en 2008, y otra parte en tierras fiscales, linderas a la propiedad de Nicolás. En aproximadamente una hectárea, convive la siembra de hortalizas al exterior, el gallinero, el invernadero y una plantinera: una pequeña sala con estantes y una mesa cuadrada, donde se encuentra el sistema de cama caliente, un cajón con cemento y resistencias eléctricas que mantienen el calor para que no se congelen los plantines más débiles, como los de la planta de tomate. Como es una de las huerteras que vive cerca, a Tania le toca ir varias veces por semana a alimentar a las gallinas y darse una vuelta por el invernadero.
Por el loteo y la expansión de la ciudad hacia este lado, están conviviendo con un zorro, que se mete adentro de la huerta y ya les mató tres gallinas. También hay jabalíes en el barrio, cuenta Daiana Perri, también participante de la huerta. Es fauna que hace lo que puede en medio de un movimiento de tierras que corre a los animales de la estepa cada vez más hacia la ciudad.
-Están loteando todo. No sabemos qué va a pasar con la huerta si siguen construyendo a nuestro alrededor.
Junto con Tania Litvan Rivero y Daiana Perri, son diez los integrantes actuales del proyecto, que tiene como objetivo el autoabastecimiento. Más allá de la feria de plantines y semillas, que hacen una vez al año, y el excedente de topinambur, uno de los tubérculos que cosechan, la huerta Las Victorias no pone a la venta su producción, sino que cubren las necesidades de los integrantes y sus familias. Con la feria anual, y los talleres de compostaje, poda, y otras temáticas que surgen, se costea la compra de insumos.
-Trabajar la tierra en comunidad es revolucionario. Es ver que yo planté esa semilla, hice un plantín, y ahora está dándonos comida. Yo elijo venir a la huerta no para ahorrar sino por una cuestión de soberanía alimentaria y por lo humano de compartir -señala Tania.

Gentileza Huerta Las Victorias
La situación de Daiana es similar, aunque le suma el interés académico: ella es bióloga y fue docente en la materia Agroecosistemas Campesinos, en la facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. En 2021 se mudó al sur y quiso empezar su propia huerta, pero no tenía dónde hacerlo. Cuando se puso en contacto con César Vallejos, que forma parte de la huerta comunitaria desde los comienzos, se encontró con un proyecto que se alineaba mucho más a su deseo, que tener una huerta propia, en una casa de alquiler. Se sumó, y desde entonces fue aprendiendo sobre los ciclos de cada planta, y en particular sobre qué y cuándo se puede plantar en un clima tan cambiante como el de la Patagonia.
Hubo una temporada en que hicieron plantines de tomate y una helada inesperada de septiembre los arruinó a todos. Entonces armaron el plantinero, para evitar que volviera a pasar. Ahora tienen sembrado kale, acelga, akusai, espinaca. Siembran todo el año.
-La rúcula, que uno pensaría que tiene una hojita tan débil, corrés la nieve y ahí está. Es una planta re noble.
Mientras las nevadas y los grados bajo cero siguen colmando los pronósticos, las chicas ya piensan en la siguiente temporada. Su ciclo de cultivos tiene sólo unos días de pausa antes del inicio del invierno, el 21 de junio. Basados en el calendario mapuche, desde ese día empieza un nuevo ciclo y por ende una nueva planificación de la cosecha. Entonces, juntan las semillas. Las seleccionan, las limpian, las rotulan para guardarlas. Y ahora en agosto las vuelven a usar, para hacer los almácigos que en septiembre y en octubre trasladarán a la tierra.
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El 27 de marzo de este año, mientras en Amarantus Iván, Conrado, Matías y Diego organizaban los pedidos en plena temporada alta de cosecha, el proyecto de ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, entraba por el mostrador del Congreso nacional.
Desde el oficialismo, aseguran que la normativa apunta a reducir regulaciones que son restrictivas al momento de atraer inversiones. Poniendo el foco en la limitación de compra de tierras a otros Estados, señalan que la inversión de capitales privados extranjeros no afecta a la soberanía nacional ya que el control geopolítico e impositivo seguiría en manos del Estado argentino. Con la premisa de frenar usurpaciones, la normativa acelera el proceso judicial para desalojos, y propone cambiar el régimen de expropiaciones por parte del Estado nacional, modificando el cálculo de las indemnizaciones a favor de los propietarios de las tierras.
Entre una larga serie de modificaciones, la normativa propone derogar los artículos 8, 9, 10 y 16 de la Ley de Tierras Rurales 26.737, aprobada en 2011 y que regula la adquisición de tierras por parte de capitales extranjeros.
Para Matías Oberlín, referente del Observatorio de Tierras, “esuna cuestión de soberanía”. Él es historiador, y junto a otros docentes e investigadores del Programa Interdisciplinario de Historia Agraria de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, crearon el observatorio con el objetivo de registrar y reconstruir la estructura de la propiedad de la tierra en el país.

Gentileza Chacra Rizoma
La Ley de Tierras, vigente desde el 2011, permite que un 15% del territorio nacional, provincial y subprovincial pueda estar bajo titularidad extranjera. Actualmente, unas 13 millones de hectáreas –el 5% de las tierras argentinas-, están bajo esas condiciones. Sin embargo, la propuesta del Ejecutivo pretende dejar sin efecto ese límite, trasladando a cada provincia la responsabilidad de la regulación de la propiedad de las tierras. Si bien las provincias no exceden actualmente ese 15% permitido, más de 30 departamentos en distintas zonas del país sí lo hacen. En el departamento de San Carlos de Bariloche, en Río Negro, que abarca desde la ciudad homónima hasta el ejido urbano de El Bolsón, más de 23 mil hectáreas son tierras con titularidad de empresas extranjeras. Esto representa el 13% del territorio total del área, cercano al límite establecido por la legislación actual. Oberlin dice:
-Si miramos el mapa de las zonas extranjerizadas, hay 36 departamentos que exceden ese 15% establecido por Ley, y cuatro de ellos llegan a tener el 50% de sus territorios en manos extranjeras. No es casual que todos esos departamentos sean áreas de frontera, veras del río Paraná, o zonas ricas en hidrocarburos y acceso al agua.
Otras de las condiciones que establece la actual Ley de Tierras Rurales es: que dentro de ese 15%, empresas o personas físicas de una misma nacionalidad no puedan poseer más del 4,5% de las tierras de cualquier distrito, provincia o país, que no puedan ser dueñas de tierras ribereñas o que contengan espejos de agua importantes, y que no se exceda las 1000 hectáreas en zonas núcleo, es decir, de gran valor productivo.
La versión actual del proyecto de Ley, que tuvo modificaciones desde la primera presentación en el Congreso por parte del Ejecutivo, mantiene la flexibilización de los topes nacionales de extranjerización, aunque delega a las provincias la facultad reguladora y la autorización final para la compra de tierras dentro de su jurisdicción. Las tierras en zona de frontera o la compra de tierras por parte de otros Estados, requerirán una autorización especial del Poder Ejecutivo Nacional.
-La normativa de 2011 venía a remediar lo que había pasado en los 90’. El caso de Lewis, Benetton y otros igual de escandalosos provienen de adquisiciones de esa década, donde ya vemos las consecuencias: migraciones, desplazamientos obligados, disputas por el territorio, y la pérdida de control sobre recursos estratégicos como el agua y la generación de energía -continúa el historiador.
Sólo en la Patagonia, el departamento de Lácar, en Neuquén, y Cushamen, en Chubut, son algunos de las áreas que figuran en rojo –con hasta el 30% o más tierras con titularidad extranjera- en el mapeo realizado por el Observatorio, a partir de los datos del Registro Nacional de Tierras Rurales, del Ministerio de Justicia. El departamento de San Carlos de Bariloche está al límite de lo establecido: el 13,61% de las tierras, lo que equivale a 23.000 hectáreas, pertenecen a personas físicas o jurídicas que no residen en el país. Y, en el mismo departamento, el 1,86% del territorio es área de glaciar, donde se origina parte del agua potable que consumimos.
-Las consecuencias son muy veloces y algunas muy difíciles de revertir. En los últimos 40 años hubo un proceso de concentración enorme en las áreas productivas. Las explotaciones agropecuarias se redujeron a la mitad desde 1988, lo que quiere decir que la mitad de los productores perdieron sus tierras y migraron o se dedican a otra cosa, y los más afectados sin duda fueron los agricultores familiares.
Como explica Oberlín, la presión a través del desarrollo inmobiliario y el encarecimiento de los terrenos son consecuencias de la concentración y extranjerización de la tierra. Se encarece su valor, asfixia la economía de pequeños productores, y los expulsa.
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Este viernes de otoño en la chacra Rizoma el día arranca temprano. A las 7 de la mañana empiezan las actividades de cosecha. Tomates, pepino, berenjenas, ajíes, choclo, zanahorias, distintos tipos de papas. Marzo es uno de los meses con más variedad de verduras en la chacra. A partir de la una, con el sol del mediodía, las tareas se abocan al armado de pedidos. Los viernes hacen entrega en los distintos nodos de compra: Bariloche, Villa la Angostura, Cholila y El Bolsón, cerquita de la chacra. Unas 200 familias esperan sus verduras, y los 25 integrantes que trabajan en el campo están concentrados en sus tareas, para llegar a tiempo. Mientras tanto, Carmela Lazarte y sus cinco socios y socias del proyecto planifican el curanto que todos los años hacen para festejar la temporada de cosecha. Un evento donde llegaron a ser 100 personas, entre familiares, integrantes del proyecto, vecinos y colegas.

Gentileza Chacra Rizoma
Carmela define a la Chacra Rizoma como un semillero de ideas para ejecutar, no solo una producción de hortalizas. En la pandemia, se dieron cuenta de lo importante que era su producción: en marzo de 2020, con el campo lleno de verdura, se declaró la cuarentena. Tuvieron que plantear su rol como productores de primera necesidad para conseguir los permisos para seguir trabajando en el campo y hacer las entregas.
-Las personas del pueblo, con miedo y desconocimiento sobre el virus, tenían confianza en nuestros productos, que acababan de salir de la tierra, sin intermediarios. Más higiénico que eso no había, sin venenos, sin agroquímicos.
La chacra, también emplazada sobre el Camino de los Nogales en El Bolsón, es un proyecto de huerta agroecológica que creció con la ayuda de la Fundación Cultivo Ecológico. Se dedican a comercializar verduras agroecológicas y otros elaborados de productores de la zona, que también trabajan de forma artesanal y orgánica.
El proyecto nació en 2017: cuatro estudiantes de la Universidad de Rio Negro se juntaron para montar una chacra y empezar a cultivar. En ese momento, se instalaron en un terreno que les alquilaba un productor amigo. Como la tierra estaba a la venta, cada año, en abril, tenían que renovar el acuerdo. En 2024 la venta se concretó y tuvieron que hacer una mudanza. La buena noticia: el nuevo terreno está justo al lado del anterior.
Fue un golpe económico fuerte para el proyecto, porque una mudanza genera gastos extra a la producción: mover la infraestructura, hacer de nuevo la instalación de riego, cambiar las dinámicas de trabajo. Y mientras tanto no podían producir.
-Dejó secuelas financieras grandes, que todavía hoy notamos. A ese nivel impacta el no tener tierra.
El año pasado se conformaron como cooperativa de trabajo, una formalidad para un funcionamiento que, en la práctica, ya era de ese modo: horizontal, a través de asambleas y reuniones.
-La agroecología tiene que ver con esa forma de trabajo y con las decisiones que tomamos para producir en el suelo, disminuir el impacto que generamos en la naturaleza, que ya de por sí como especie humana somos bastante invasivos. Eso también es lo que compartimos en el proyecto, el amor por la naturaleza y el interés de cuidarla.
En temporada baja, que son los meses de junio, julio y agosto, también hay trabajo en las huertas. Se hacen las compras de insumos, se planifica la siembra, y después empiezan las tareas de campo: labranza, trasplantes, acondicionamiento de riegos. Y siempre continúan las entregas semanales. La elaboración de kétchup, mostazas y mermeladas. El armado de pedidos. Carmela se pregunta si la soberanía no tendrá que ver con lo que hacemos día a día:
-Queremos seguir habitando esta Patagonia con respeto y con cariño- dice, convencida.

Gentileza Chacra Rizoma
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Estos días, en el Congreso de la Nación, el oficialismo sigue buscando votos para obtener la media sanción de la ley, aunque el rechazo que ha manifestado la sociedad pesa cada vez más en las negociaciones.
En El Bolsón, Ivan recorre la chacra de Amarantus y piensa en la defensa del territorio, el valor de la soberanía alimentaria.
A pocos kilómetros, Carmela mira lo que brota a su alrededor y dice que quienes integran Rizoma nacieron en esta tierra, ahí están criando a sus hijos e hijas y no dudan de que el trabajo que están haciendo es parte de la solución.
En Bariloche, la nieve cae sobre el invernadero de la Huerta Las Victorias. Después de alimentar a las gallinas, Tania entra a ver si está todo bien. Todavía hay zanahorias y puerros de la temporada pasada. Y como si el tiempo de la cosecha le susurrara que hay ciertas cosas que no es posible detener, recuerda, con una sonrisa en la cara, que dentro de poco, en primavera, volverán a brotar las flores de los alcauciles, que tanto le gustan.