Arte para educar y para resistir
El Instituto Universitario Patagónico de las Artes, después de 40 años de formar profesionales en la región, eligió por primera vez a sus representantes. La fiesta que prometía el ingreso a la vida democrática se convirtió en una disputa descarnada.
Fotos: Horacio Díaz

Hay una foto que es la foto inesperada. Estudiantes y docentes de distintas agrupaciones políticas amontonados en un pasillo para entrar en el cuadro. No lo logran, son muchos. Con remera fucsia están los de La Mella, verde los de Unesa, azul de La Gloriosa. También hay remeras azules de Adiupa. Todos sonríen. A decir verdad, son tantos que los de atrás apenas se ven, no se reconoce la expresión en sus caras, pero levantan las manos para que se vea que están ahí. Adelante hay una bandera que dice “centro de estudiantes” en letras de distintos colores. La foto fue compartida en simultáneo en las cuentas de Instagram de La Gloriosa, La Mella, Agrupación Unesa, Adiupa y Sitraiupa. Es la foto de la unidad, de algo colectivo que tiene todavía la frescura de lo emergente, de lo que es y aún no muestra sus límites. Lo que puede ser.
Cuando en febrero de 2025 anunciaron que el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA) entraría en proceso de normalización para conformar los claustros y elegir democráticamente a las autoridades de gobierno, nadie imaginaba que el resultado iba a ser la convergencia de alumnos, docentes y no docentes de diversas agrupaciones políticas en un gran “Frente Democrático” para defender a la institución de un proceso que denuncian viciado de irregularidades.
La normalización prometía ser un salto cualitativo para una institución pública que a lo largo de cuarenta años se fue consolidando en General Roca hasta convertirse en lugar de referencia en la Patagonia. Cada año, más de cuatro mil alumnos de diversas localidades toman clases de música, artes del movimiento, folclore, música popular, canto, artes visuales, danza, entre otras disciplinas. Pero, a contramano de lo que ocurre en las universidades públicas del país, la comunidad educativa no podía participar del proceso democrático de elección de sus autoridades.
Sin embargo, en marzo de este año, cuando llegó el momento de ir a las urnas, lo que prometía ser una celebración de la vida democrática del IUPA se transformó en una disputa descarnada.
El rector normalizador, Gerardo Blanes, había sido designado en marzo de 2025 por un decreto del gobernador Alberto Weretilneck. Licenciado en Psicología y referente del radicalismo en General Roca, Blanes ya había estado a cargo del instituto en una gestión anterior. Su designación, en ambos casos, respondió al Gran Acuerdo político entre Juntos Somos Río Negro y la UCR. Un dato insoslayable: quien dirige el IUPA administra un presupuesto anual superior a los 13.500 millones de pesos que surgen de las arcas provinciales.
En su segunda gestión, Blanes se puso al hombro el proceso de normalización, sin antes preparar el escenario para erigirse él mismo como primer rector democrático en la historia de la institución. El 29 de diciembre, entre pan dulces y sidra, modificó el reglamento electoral mientras los alumnos estaban de vacaciones. El cambio más importante fue que incorporó en el padrón electoral a alumnos y docentes de los talleres que dicta la Escuela de Arte Popular en localidades y pueblos de toda la provincia a través de la Secretaría de Extensión Cultural que conduce Ricardo Casanova. Al mismo tiempo, según denunciaron los sindicatos de trabajadores Adiupa (docentes) y Sitraiupa (docentes y no docentes), se excluyó del padrón a decenas de alumnos y docentes de la sede central que sí cumplían con los requisitos para participar. Y fijó la fecha para las elecciones del Consejo Superior, que se realizaron el 15 y 16 de marzo de 2026.
Con este artilugio, la lista oficialista La Unión arrasó con los votos recolectados en las sedes del interior donde funcionan las Escuelas de Arte y se arrogó un contundente triunfo en la elección del Consejo Superior, sumando dos consejeros estudiantiles. Si se hubieran contemplado sólo los votos de la sede central -como indicaba el reglamento antes de ser modificado por el rector-, las dos bancas de los consejeros estudiantiles hubieran quedado en manos de La Gloriosa y Unesa.
Cuando se publicaron los resultados provisorios en la página oficial del IUPA sin haber mostrado las actas oficiales, alumnos, docentes y consejeros de la oposición -La Celeste y Blanca, La Tercera, La Pugliese, Lista 17 y Unesa- pusieron el grito en el cielo al ver que el resultado se les escurría de las manos. Como un magma en ebullición, se empezaron a juntar detrás de la bandera de la denuncia de fraude electoral y organizaron diversas protestas para informar a la comunidad lo que estaba pasando puertas adentro de la institución.

Entre diciembre y marzo, los gremios lanzaron una batería de reclamos: en la Junta Electoral, para impugnar el reglamento; en la Justicia Electoral provincial para frenar la elección del Consejo Superior y la posterior elección del rector, por considerar que el proceso estuvo viciado desde el inicio; una acción de amparo para evitar que se realicen los comicios habida cuenta de las denuncias planteadas, entre otras. Además, radicaron una denuncia penal en la justicia federal contra Blanes y Casanova, por los delitos de “negociaciones incompatibles con el ejercicio de funciones públicas, abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público, falsedad ideológica y delitos contra el derecho de sufragio”.
Tanto el fuero federal como el provincial se declararon incompetentes. El primero, por considerar que el IUPA es una universidad que se financia con fondos provinciales y, el segundo, por entender que su funcionamiento se basa en leyes y reglamentos nacionales. Ese peloteo generó una situación que la abogada de Adiupa, Andrea Reile, explicó como “un conflicto de competencia negativa”, donde nadie toma el caso y por lo tanto nadie se expide sobre la cuestión de fondo.
El jueves pasado, el Juzgado Federal de Viedma decidió apartarse y le devolvió el expediente al fuero Contencioso Administrativo provincial, que a su vez lo remitió al Ministerio Público Fiscal para que se expida sobre la competencia.
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Si sobre los jóvenes pesa el juicio de que están despolitizados o desinteresados de la cosa pública, el conflicto del IUPA mostró que no siempre es así. Una de las primeras acciones luego de la elección para el Consejo Superior fue una convocante movilización por las calles de General Roca hacia la Junta Electoral para pedir la impugnación de la elección. Le siguió la permanencia en la sede central del Instituto con una campaña en redes para instalar el conflicto.
De ese clima de efervescencia nació una pieza artística que se viralizó en minutos. Es un video donde un grupo de jóvenes cantan un trap, cuya letra describe con detalle cómo “les robaron la elección”: “Con esos números Blanes vino a robar/ las dos bancas que a les pibes les tendrían que dar”, cantan los estudiantes con la mirada clavada en el espectador, mientras despliegan una coreografía.
El video es un chispazo que surgió como consecuencia del hartazgo de ver cómo las estructuras de poder anquilosadas les arrebataron la posibilidad de participar de la toma de decisiones. Es, además, un trabajo colaborativo que articula el arte de la composición musical, el canto, la danza, la realización audiovisual. Un giro poético, si se piensa que las mismas herramientas adquiridas en esa institución educativa hoy son usadas por los estudiantes para defenderla.
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Sobre el lodazal que había dejado la elección del Consejo Superior, llamaron a la elección del rector el lunes 30 de marzo en la sede central, en Roca, donde alumnos y docentes realizaban una permanencia pacífica. Pero ese día, a primera hora de la mañana, las autoridades salieron por la puerta de atrás y se trasladaron hacia la Fundación Cultural Patagonia, argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad. Afuera quedaron los consejeros de la oposición que quisieron entrar a la Fundación pero una patota se los impidió, a fuerza de empujones y forcejeos.
Blanes y los directores normalizadores eligieron al rector a puertas cerradas y sin la presencia de los consejeros díscolos. El escándalo que eso produjo obligó a las autoridades a volver sobre sus pasos: rompieron el acta y declararon nula la sesión. Pero, horas más tarde, Blanes salió a los medios a dar su versión: “Se me eligió como rector democrático”, afirmó, y agregó que la elección “cumplió con todos los pasos de la ley”.
La actitud del rector terminó de dinamitar los canales de diálogo institucionales entre las autoridades y demás integrantes de la comunidad educativa. En el IUPA se instaló una suerte de parálisis y de “silencio institucional”, donde a Blanes se lo ve en algunas ocasiones en su lugar de trabajo mientras las demás autoridades evitan circular por los pasillos y firmar papeles que hacen a la gestión. La tensión permanece mientras los docentes garantizan el dictado de clases. Muchos aprovechan el aula para conversar con los alumnos de lo que pasó, además de dar los contenidos académicos.
“La universidad es sobre todo política -dice a EED Delfina Filloy, docente en Artes Visuales- y me parece que estos son los debates que tienen que ocurrir en una universidad”. Además de considerar justo el reclamo de los estudiantes, lo lee como “una respuesta al clima de época”.
“Los estudiantes fueron los más perjudicados con la elección y hay mucho enojo, con mucha razón -continua Filloy- y me parece que hubo una reacción de los estudiantes que no se esperaban”.
En una conferencia de prensa realizada luego de la autoproclamación, estudiantes y consejeros calificaron a Blanes como “rector de facto” y “usurpador de cargo”. Para ellos, la institución está “acéfala”.

EED intentó hablar con Jonatan Cáceres y Kiara Bustamante, los consejeros estudiantiles de La Unión que resultaron elegidos gracias a los votos que aportaron los talleres de extensión de las Escuelas de Arte. Ambos respondieron por Whatsapp que declinaban la invitación porque están atravesando problemas personales.
Nicolás González es Licenciado en Arte Dramático y está terminando el profesorado. Fue candidato a consejero del claustro estudiantil en la lista de La Gloriosa y fue el más votado en la sede central. Sin embargo, quedó afuera del Consejo Superior por el cambio en el reglamento. En diálogo con EED, dijo que “estamos en una situación democráticamente complicada, crítica. Pasaron cosas que nunca pensé que iba a vivir estando dentro de la universidad”.
González no se define como un “militante político” sino como “un estudiante que quiere darle a la universidad lo que ella le dio tantos años, construirla y mejorarla para el que viene”. Al otro lado del teléfono, agregó: “Uno piensa, ¿para qué vamos a seguir peleando si estos tipos que manejan el poder hacen lo que quieren? Pero entiendo que es el camino que tenemos que seguir. Las luchas no se ganaron estando sentados y esta vez no va a ser diferente. Si nosotros la abandonamos, le estamos dando la victoria”.
Por su parte, el consejero electo del claustro docente por el departamento de Artes Audiovisuales de la Lista Celeste y Blanca, Nicolás Martínez, dijo a EED que “no reconocemos la figura del rector. Gerardo Blanes no es rector”, enfatizó. Martínez es uno de los que no pudieron participar de la sesión del Consejo Superior porque, como se ve en un video que circuló en la calle digital, un hombre le bloqueó el paso, lo agarró de la camisa y terminó en el piso.
“Hay un silencio muy singular y significativo del gobierno provincial y de todo el arco político de JSRN que no termina de expresarse sobre el escándalo”, disparó, y consideró que “no terminar de normalizarse es un problema que impacta directamente en el gobernador Alberto Weretilneck”.
La postura de Blanes, expresada en sus redes sociales y en las cuentas oficiales de IUPA, es que la elección fue legítima, que ejercen violencia quienes no reconocen el resultado y hace un llamado a “reafirmar el valor de la convivencia democrática y el respeto a la voluntad expresada en las urnas”.
El martes 14 de abril, el abogado de Blanes, Oscar Pineda, redobló la apuesta y dijo que impulsarán una denuncia penal por amenazas, lesiones y privación ilegítima de la libertad contra “varias personas que fueron individualizadas y que pertenecían a alguna agrupación política”, por los hechos ocurridos el día de la elección. La frase sonó más a un intento de amedrentamiento que a una acción concreta. Hasta ahora, ninguna persona fue formalmente notificada por tal denuncia.
En paralelo, en el IUPA proliferan las asambleas y otro video rebota en las redes sociales: imágenes en blanco y negro de una estudiante tocando el arpa; la sucede otra, de un grupo de jóvenes que camina por los pasillos; otra, de un puñado de bailarines recostados en el piso. Otra vez, el arte al servicio de la lucha. Voces en off secuencian frases: “Quiero un rector que camine los pasillos”, “alguien que haya tenido que pelear su lugar en esta universidad”, “quiero un rector que no le tenga miedo a lo que pensamos”. Sobre el final, preguntas se clavan como cuchillos: ¿Por qué nos quieren hacer creer que no es posible? ¿En qué momento empezamos a creer que un rector es siempre alguien de arriba? El arte interpelando el presente. El arte como línea de fuga hacia un futuro donde lo impensado se haga posible.