Buscando a Boric. Día 4.

por Santiago Rey

Viernes 11 de marzo de 2022. Gabriel Boric Font está a punto de asumir como Presidente de la República de Chile. ¿Cuánto he podido conocer y entender del joven magallánico que llega al poder por el impulso de una ola de rebeldía ciudadana que inundó las calles en 2019? Me lo pregunto entre gases lacrimógenos, a 20 cuadras de La Moneda.

Marzo 2022

Absurdo suponer que el paraíso / es solo la igualdad, las buenas leyes / el sueño se hace a mano y sin permiso / arando el porvenir con viejos bueyes, canta Silvio Rodríguez, uno de los trovadores preferidos de Gabriel Boric Font, magallánico, apellido paterno croata y materno catalán, el mayor de tres hermanos, oriundo de una ciudad rebelde, aires de insularidad y pretensión de modernidad. La ciudad. Él también.

A principios del 2000 conoció la poesía y la música de Silvio. Cinco años después viajó desde Punta Arenas a Santiago con un profesor cubano del colegio a verlo al Estadio Nacional.

En febrero de 2022, ya Presidente electo y a un mes de asumir, Boric citó a Silvio Rodríguez en un programa televisivo para explicar el momento de Chile, las demandas ciudadanas, los tironeos entre la barricada y el poder real: Yo he preferido hablar de lo imposible, porque de lo posible se ha hablado demasiado, dijo en una cita no exacta. El tema se llama Resumen de Noticias y no es de los más conocidos del trovador cubano que dice además: Aunque se dice que me sobran enemigos / todo el mundo me escucha; bien quedo cuando canto.

Cuán viejos serán los bueyes con los que Boric arará el porvenir, cuánto tendrán de la mística de Allende, de las luchas contra la dictadura, de las cenizas de la sede de la Federación Obrera de Magallanes incendiada por hordas fascistas, y cuánto tendrán del moderno y hábil posteador en redes, que escucha rock pero también K-pop, Pearl Jam, Bad Bunny, cuánto del pragmático condensador de las demandas callejeras, del joven con corte de pelo mohicano emprolijado a medida que se acercaba la fecha de su asunción.

El tiempo lo dirá. Absurdo suponer que el paraíso

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#BuscandoaBoric es, se entiende, un intento por comprender a Boric y no la sala de espera para reportearlo. Es más, nunca pedí -ni a su equipo de prensa, ni a su familia, ni a sus amigos más íntimos- entrevistarlo, sabiendo que, salvo alguna estudiada aparición televisiva, el Presidente electo no recibía periodistas a pocos días de que le coloquen la banda tricolor. Una especie de Esperando a Godot, pero sin la espera, aunque con las mismas angustias existenciales.

Después de pasar una semana en Punta Arenas, de regreso en Santiago, sentado en un bar que da a la Alameda, tres días antes de la ascensión de Boric a la presidencia, anoto en mi libreta:

Octubre de 2019. La rabia ciudadana por 46 años de dictadura y democracia administradora del modelo económico que instauró Pinochet, copa las plazas, desafía la autoridad. Una marea insumisa, feminista, llama a trastocarlo todo.

Gabriel Boric participa de las primeras marchas. Es Diputado por el Frente Amplio. En el aire se respira un clima de cierre de ciclo: el fin -por fin- de la transición abierta en 1990. Barricadas, incendios, enfrentamientos, una represión feroz. Cecilia Morel, primera dama de Chile, esposa de Sebastián Piñera, envía un audio de whatsapp: “Estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera, alienígena”.

Una invasión alienígena dice para nombrar a los centenares de miles. En la plaza está Boric. Es un alienígena más.

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Miércoles 9 de marzo. Sale publicado el perfil de Boric que escribí para Revista Anfibia y que propuse titular “Un alienígena en La Moneda” (por suerte no me hicieron caso). Algunos de los entrevistados celebran el artículo y otros dejan de atenderme. Como cada vez que publico algo, desde hace 33 años, dudo, temo por la eficacia del texto, por su contundencia, su sensibilidad. Mi amigo Martín -el mejor de nosotros, digo el que mejor escribe y mejor lee de mi grupo de amigos- me dice, entre otras cosas, que “el ánimo de la nota comenzaba siendo Francisco Coloane y terminaba en Patricio Guzmán”. Me quedo tranquilo.

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Miércoles a la noche. Participo de un zoom con los demás integrantes del jurado del Premio Periodismo de Excelencia de Chile, organizado por la Universidad Alberto Hurtado: grandes periodistas, escritores y escritoras, chilenos y chilenas. Debatimos sobre los reportajes, investigaciones, las entrevistas y crónicas finalistas del concurso: corrupción, desigualdad, migración, derechos postergados, represión, ecos de la revuelta, reclamo territorial mapuche, algunas historias de vida, son los tópicos de los trabajos publicados en Chile durante 2021. Elogio, cámara de por medio ante los y las colegas, la sensibilidad del periodismo chileno para reflejar una época en un lugar determinado. Narrar un país a través de ese recorte arbitrario que inevitablemente es una nota. Miro en las ventanitas del zoom las caras que no ocultan el entusiasmo por el fin de ciclo que significa la partida de Sebastián Piñera: hay un alivio, una alegría contenida, un temeridad ansiosa, un saberse protagonistas -todos y todas- de un proceso histórico que también narraron.

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Simón Boric trabaja en la Universidad de Chile, su sede como palacio colonial de una manzana en el centro de Santiago, pintada de un amarillo tímido, avainillado. Con excepción de Piñera, todos los Presidentes desde el regreso de la democracia -en 1990- pasaron por esas aulas. Su hermano también.

- ¿Te sorprende hasta dónde llegó?-, le pregunto por Gabriel, claro.

- En parte sí. Aunque si bien él nunca ha deseado o manifestado que estaba en sus planes ser Presidente, siempre pensé que podía ser una opción. Por ese lado no es una sorpresa. Distinto hubiera sido si me hubiese dicho que quería ser astronauta.

- Como astronauta tal vez no hubiera tenido que enfrentar las complejidades que ahora se le vienen...

- Si bien tratarán de tildarle de extremista creo que es bastante ponderado en la búsqueda de sentido común. Ahora tenemos un sistema construido por muy pocos y que beneficia a muy pocos, y (su discurso) se ve como rupturista: pero no es inventar la rueda. La gente está cansada, agotada que el transporte haya subido cien pesos y que todos los años sube la plata y se gasta un tercio del sueldo en ir a trabajar, el sueldo es bajo, la salud pública está abandonada. Si bien hay menores umbrales de pobreza hay una gran distancia, un Chile para ricos y uno para pobres.

- ¿Cuánto le queda al Presidente de la rebeldía magallánica?

- Chile es un estado donde se habla poco, hay ciertos preceptos aprendidos, todavía te dicen: no se habla de política, de fútbol, ni de religión. Un país al que no le gusta que se cambien las cosas. Había un status quo de lo que se conversaba y eso Gabriel nunca lo respetó. Es una persona contestataria, le gusta debatir las ideas, nació sin ese pudor adquirido por generaciones truncadas por la dictadura. Eso pudo haber sido visto como una rebeldía. Pero es todo lo contrario, yo te invitaría a cambiarle el nombre, es muy dialogante. Magallanes nos marcó a todos, tiene algo identitario muy fuerte, genera una identidad potente, marca lo que es su liderazgo. Gabriel siempre ha vuelto. Sigue siendo su hogar.

Eso dice Simón, y aunque el Presidente soñaba comprar una casa en el barrio San Miguel de Punta Arenas su futuro parece más ligado a la capital y los avatares políticos que a las tranquilas y ventosas calles magallánicas.

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Hace calor en Santiago, no hay viento y no llueve hace meses. La sequía histórica confirma la importancia de otro punto de la agenda que Boric incorporó a su campaña: el cambio climático. El río Mapocho es un hilo marrón que en verano corre escuálido cruzando la capital. Imposible encontrar allí -por escaso y contaminado- alivio a los 32 grados que someten el mediodía del jueves 10 de marzo, a un día de la asunción. Imposible encontrar alivio en las aguas del Mapocho para las miles de personas que a los costados de la avenida Providencia o Bellavista o Bernardo O’Higgins viven en carpas, bajo chapas y cartones. Cartones, que total no llueve.

El cambio climático y la pobreza: dos desafíos para la gestión que empieza, anoto en la libreta.

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Noche del jueves. Últimas horas de Sebastián Piñera en el poder. El periodista, dueño del departamento donde paro en Santiago, y su novia proponen ir a comer a un restaurante peruano, a pocas cuadras. Providencia es un barrio relativamente acomodado, con zonas de bares y restaurantes que recuerdan al barrio de Palermo en Buenos Aires. Caminamos la noche fresca. Tres piscos sour y un brindis por el fin de ciclo, por lo que termina -encarnado en Piñera- y por lo que viene -corporizado en Boric-.

Ella y él se emocionan.

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11 de marzo de 2020. Media mañana y Boric está a pocas horas de asumir. En la región de la Araucanía, en el Wallmapu, arden maquinarias de una empresa forestal. Un dirigente de la Coordinadora Arauco Malleca (CAM) me envía un mensaje con una foto del incendio y el anuncio: Se destruyeron dos camiones cargados con rollizos más una skider de propiedad de forestal Arauco en el fundo Antofagasta en el camino entre Lumaco y Traiguen. Se dejaron lienzos alusivos a la reivindicación territorial. Así recibe la CAM al nuevo Gobierno, saboteando al gran capital y a sus yanaconas que están comprometidos con los intereses de las forestales.

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Mediodía del 11 de marzo. El nuevo Presidente asume en el Congreso, en Valparaíso. A las 19 está previsto que dé su primer discurso desde el balcón del Palacio de La Moneda, en Santiago. Tres horas antes, a unas 20 cuadras de la casa de Gobierno, en Plaza Dignidad, cientos de personas se agrupan, llevan banderas mapuche, o con imágenes de los asesinados durante la represión de 2019, o de los presos y presas de la revuelta, piden por su libertad. Avanzan por la Alameda hasta la esquina donde cuatro carros de Carabineros los esperan, algunos quieren pasar, otros tiran piedras, los pacos acomodan sus pertrechos, no los dejan acercarse a La Moneda, los fotoperiodistas tienen casco, máscara anti gas, chalecos que dicen grande PRENSA, protectores plásticos para las piernas; los brigadistas de rescate tienen mamelucos de colores y escudos y agua con limón; los manifestantes tienen pañuelos que les tapan el rostro, algunas máscaras, ropa negra, tienen la misma bronca que en octubre de 2019. Los carros comienzan a atacar, tiran potentes chorros de agua, tiran gases lacrimógenos, le apuntan a los manifestantes, a los reporteros gráficos, a los vendedores ambulantes, a los periodistas. Recorren tres cuatro cuadras, reciben piedras y botellas, regresan por la mano de al lado, siguen tirando agua, la gente corre y vuelve a agruparse, siguen teniendo en sus manos las banderas con los rostros de los asesinados y los sin ojos de la revuelta, el aire se agrisa, es difícil respirar, muchos sentados en la vereda reciben asistencia y se levantan y vuelven a la calle y agarran piedras y gritan pacos culiaos, así durante horas, y una señora, sola, su pollera larga su cartel con la cara de su hijo que se adelanta y se pone cara a cara con el guanaco lanza agua y recibe el chorro y sigue en pie y les grita conchisumadre y trastabilla pero no se cae, así durante horas también.

Transmito en vivo. No llego a La Moneda.

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- ¡Gabriel amigo! ¡El pueblo está contigo!- cantan en plaza de La Moneda.

- ¡Boric bastardo! ¡Libera a los cabros!- cantan en Plaza Dignidad.

Es la síntesis del país y sus calles. La euforia y el reclamo, la celebración y la barricada, ambas tan vivas.

Gabriel Boric llega al Gobierno, el dirigente estudiantil asume la presidencia, el poeta rebelde magallánico emprolija su barba, su pelo, el rocker y el tuitero. La parábola Boric, el desafío Boric está en marcha.