¿Todos los Malbec argentinos son iguales?

Si bien es muy frecuente escuchar de parte de los consumidores la frase “a mi me gusta el Malbec”, se debe inculcar que los vinos hechos con esta uva, pueden llegar a ser muy diferentes uno del otro, e inclusive diametralmente opuestos, lo cual lo hace aún más atractivo. ¿Por qué sucede esto?

01/07/2017
Diego Di Giacomo

La cantidad de factores que podrían influir en la diferenciación de un vino con respecto a otro, son tal vez imposibles de enumerar. La multitudinaria elección de caminos probables, desde el momento de plantar las vides hasta el embotellado del vino, hace que, obviamente, no existan dos vinos iguales. Y eso, en la cepa insignia de Argentina, queda plasmado. Más aún teniendo en cuenta la gran extensión territorial que tiene el país, con su diversidad de climas y suelos.

Por supuesto, el hombre es el artífice de todas las decisiones, comenzando desde donde elija plantar el viñedo, viéndose influenciado por la latitud, la altitud, y la idiosincrasia del lugar. En cuanto al suelo, de allí la vid toma lo necesario para su subsistencia. Se puede establecer que los mejores suelos para el desarrollo de una viticultura de calidad deben ser más bien profundos, para favorecer la exploración de las raíces a distintos estratos del suelo, y de textura gruesa para fomentar el buen drenaje del agua y evitar la excesiva acumulación de la misma. La fertilidad no debe ser desbordante o abundante, ya que acarrearía menor calidad relacionada con problemas de maduración.

En cuanto al clima, debe tener una tendencia a ser preferentemente templado, pero a la vez poseer una marcada diferencia térmica entre el día y la noche (llamada amplitud térmica), para favorecer la síntesis y concentración de los diversos componentes que posee la uva, y que posteriormente pasarán al vino. Otoños largos, inviernos fríos, veranos templados y secos, son óptimos (en las regiones del mundo donde se permite el riego artificial). Claramente, tenemos a lo largo del país viñedos en una amplia variedad de climas, que otorgan una amplia variedad de vinos Malbec.

El hombre es el responsable del viñedo, y todas las decisiones que él tome, modificarán sustancialmente los resultados. El hombre es el que determinará, conforme a los trabajos en el terruño, el tipo de plantación, la cantidad y el estilo de riego que aplicará, las fertilizaciones, las podas, los raleos de racimos, los abonos, los tratamientos sanitarios, la conducción de las plantas, los laboreos de la tierra, etcétera. Y en lo que respecta al vino en sí mismo, tal vez la acción del hombre que más peso tenga, sea la de determinar los rendimientos del viñedo. Esto se decidirá en función del vigor que se le permita a la planta, la densidad de plantación, la distancia entre las vides (acorde a la riqueza del suelo) y la cantidad de racimos que se admitan dejar en cada cepa.

La edad de las vides es muy importante, ya que con el correr de los años se produce un equilibrio entre la vid, su entorno, y las acciones que fue viviendo, adaptándose cada vez mejor al suelo, el clima, la poda y el sistema de conducción. Todo esto optimiza la maduración, eleva la calidad de las bayas, y se da una suerte de autorregulación de la planta, donde la cantidad de racimos pasa a ser menor, por lo tanto su rendimiento decrece mientras aumenta la calidad (siempre y cuando haya sido bien tratada).

Pueden existir distintos sistemas de conducción para las plantas, que pueden dividirse en:

- Sistemas Libres: Son aquellos que no cuentan con una estructura permanente de conducción. En general son de pequeña expansión vegetativa, con una densidad elevada de plantación.

- Sistemas Con Apoyo: Son los que emplean diferentes estructuras, desde muy sencillas hasta muy sofisticadas.

Cada uno de estos sistemas, tiene sus particularidades y sus resultados.

El hombre, una vez más, determina el momento óptimo para la cosecha, que quedará plasmado en el futuro vino, basándose en pruebas, estudios y análisis sensorial, para lograr que la columna vertebral del Malbec (acidez – alcohol – polifenoles) se encuentre en la proporción perfecta. Y todo ello, sin haber ingresado aún en la bodega, donde el jugo de uva se transforma en vino. Nuevamente, el hombre es el que guía y conduce el proceso.

Maceraciones pre y post fermentativas, el tipo de levadura a usar, el tipo de fermentación, los rangos de temperaturas, los periodos de encubado, la fermentación maloláctica y una cantidad infinita de etcéteras, hacen de la alquimia de la enología toda una ciencia. Esto, se completa con el tipo de crianza del vino, en roble u otro material, y en caso de ser en roble, también hay variables (francés, americano, de distintos “tostados”, con diversos años de uso de la madera, etc).

Finalmente, se halla el periodo y la forma de estiba del vino Malbec en botella, que posee una importancia que emparda a todos los ítems anteriores. En resumen, la totalidad de estas descripciones, se podrían utilizar en forma general, como hemos hecho en otras oportunidades, pero particularmente aquí, la intención es resaltar que no existe un Malbec, sino muchísimos, cada uno con sus características y cualidades puntuales, que son el resultado de un largo camino.

Fuente: devinosyvides.com.ar