Operativo despegue

A dos semanas de las PASO, Weretilneck intenta tomar distancia de Macri y la planta nuclear. Mandan las encuestas. Pragmatismo electoral.

02/08/2017
Río Negro
Santiago Rey

(foto gentileza Prensa Provincia)

Nada es lo que parece en el viscoso mundo de la política albertista. Convicciones lábiles, fidelidades gelatinosas, posicionamientos moldeables según el tiempo y las circunstancias.

Sólo hay algo cierto: la construcción de poder por el poder mismo. Y en esa carrera, las contradicciones se presentan como una anécdota, como un reacomodamiento temporal para “servir mejor a los intereses de los rionegrinos”.

Ya no hay que ir muy lejos en el tiempo para buscar esas contradicciones. No hace falta indagar en el pasado “progre” de Alberto Weretilneck en el Partido Intransigente, al regreso de la democracia; ni recordar su adhesión al Movimiento Patagónico Popular de los Salto en Cipolletti; o su paso por el Frente Grande que ayudó a cooptar junto a Julio Arriaga; ni las sucesivas sociedades electorales y políticas que trazó con el radicalismo rionegrino; ni siquiera su conversión al kirchnerismo de la mano de su postulación a vicegobernador junto a Carlos Soria; o el posterior arrumaco con Sergio Massa; o su acompañamiento más tarde a Daniel Scioli; ni los mimos que se prodigaron con el ya Presidente Mauricio Macri, cuando la Rosada necesito tener una cabeza de playa en la arisca Patagonia.

Ya no hace falta ese repaso. Basta con hacer un recorte sobre el último mes y medio de los dichos y acciones de Weretilneck, para entender cómo, bajo el paraguas de la “defensa de los intereses de los rionegrinos”, todo es posible.

Luego de los viajes a España y China, el Gobernador había usufructuado el lugar de mandatario provincial favorito -y relativamente barato en relación al costo de las Provincias grandes- de la construcción de poder macrista. Promesas de inversiones europeas, y central nuclear china.

Pero la realidad de las encuestas muestra que Macri no hace pie en la Provincia. Sus políticas económicas encorsetan y destruyen las ya golpeadas economías regionales; las subas de tarifas impactan en los hogares de clase media; y las no-políticas de contención social perjudican a los más vulnerados. Un dato: sólo en Bariloche la imagen negativa del Presidente ronda el 70 por ciento.

Lector ávido de las encuestas, Weretilneck inició la operación despegue. De la imposibilidad de diálogo con el Gobierno de Cristina Fernández, pasó al “antes estábamos mejor” de los últimos días.

(foto gentileza Prensa Provincia)

En esas misma sintonía debe entenderse sus últimos dichos sobre la planta nuclear. El Gobernador pudo palpar de primera mano que la imposición de semejante proyecto era imposible sin consenso social. A pesar que sostiene su idea que emplazamiento en la zona atlántica rionegrina, midió que el rechazo producido en Viedma podía tener impacto electoral. Y volvió sobre la idea original de Sierra Grande.

Antes, todo eran loas al proyecto. Incluso, como publicó este medio, llevó 20 periodistas de la Provincia a Atucha para que conozcan las bondades de la energía nuclear. Los rionegrinos pagaron aquella expedición.

Ahora, Weretilneck busca postergar el debate nuclear hasta después de las elecciones: las PASO y las generales, a sabiendas que el voto puede verse impactado por el rechazo de la comunidad a convivir con una planta de ese tipo. Para tomar distancia utilizó la estructura comunicacional del Gobierno, evitando las preguntas de una conferencia de prensa.

Esa misma labilidad y viscosidad en el comportamiento político personal de Weretilneck, es aplicable a la idea de “defensa de los intereses de los rionegrinos”. ¿Con qué prioridades políticas y económicas se defienden esos intereses?, ¿con qué alianzas ideológicas?, ¿enfrentando o beneficiando a qué sectores de poder?.

En el terreno de las frases propagandísticas, del manejo de las redes sociales pagadas con fondos públicos, de la campaña de la mano de medios amigos; en el terreno del impacto emocional, del endulzamiento del “ser rionegrino” como elemento empático; en ese terreno es el único en el que Weretilneck descansa sus sueños de re-reelección. El otro, el de la política con mayúsculas y las convicciones, es una anécdota en su camino.